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Cabo
Cañaveral. Desde el año 1950 es el
sinónimo de las actividades espaciales de
los Estados Unidos. Desde el punto de vista geográfico es
un estrecho promontorio que se extiende sobre el océano
Atlántico, en la costa de la Florida. Su actividad como base de
lanzamiento para misiles comenzó el 24 de julio de 1950
experimentando con cohetes "V 2" modificados. El lugar era
ideal porque los lanzamientos se realizaban en dirección Este
y los misiles podían así ser seguidos con facilidad en su
ascenso y caer en el mar sin causar ningún daño. En la
actualidad, aquel promontorio arenoso está salpicado de
decenas de rampas de lanzamiento y cuenta con una tupida red
de carreteras que le unen con los diversos laboratorios y
centros de control. El área está controlada en parte por la
NASA, el organismo espacial americano que se ocupa de
los programas espaciales civiles, y en parte por la US Air
Force, que organiza los militares. En 1964 toda la zona es
rebautizada Cabo Kennedy, en honor del presidente
americano John F. Kennedy asesinado el año anterior. Sin
embargo, diez años después, como consecuencia de múltiples
protestas, fue nuevamente denominado Cabo Cañaveral y el nombre
de Kennedy sólo quedó para el centro espacial de
la NASA. El corazón de las actividades espaciales
americanas está constituido por el llamado VAB, iniciales de
Vehicle Assembly Building, un gigantesco edificio de forma
cúbica que se levanta en Merrit Island, a pocos kilómetros
del promontorio de Cabo Cañaveral. Aquí se han unido los
componentes del gigantesco Saturno, el misil de tres
secciones que ha llevado a los primeros hombres a la Luna.
Aquí son "ensamblados", como se dice con un neologismo
derivado del lenguaje técnico, los Space-Shuttle, las primeras
astronaves reutilizables capaces de descender como los
aeroplanos sobre pistas en tierra firme. Los misiles que
inician su camino en Cabo Cañaveral vuelan en dirección
Sur-Este, sobre el Atlántico, y son seguidos por las estaciones
de telemediciones de la Air Force, instaladas tanto en
islas como en naves y aviones. Todos los datos convergen en
el Johnson Space Center de Houston en Texas que, desde
el año 1965, es el centro de control de las más
importantes misiones espaciales americanas.
Calendario.
Del latín calendae, término con
el cual los romanos indicaban el primer
día de cada mes. Es un conjunto de tablas en las que se
indican los días y los meses de cada año y sirve para el
cálculo del tiempo. Desde la antigüedad, los periodos en los que está
subdividido el calendario se han referido al
movimiento de los astros y, según cuál era el astro que se
consideraba como elemento principal de referencia, se propusieron
varios tipos de calendario. El calendario actualmente en
vigor, llamado solar, que ha sido adoptado en la mayoría de
los países del mundo, se basa en el movimiento de revolución
de la Tierra alrededor del Sol y su duración está definida
por el llamado año trópico o civil, es decir, el tiempo
transcurrido entre dos pasos sucesivos del Sol por el Equinoccio de
primavera. Comienza el 1 de enero, nueve días después
del Solsticio de invierno (22 de diciembre), y consta de
12 meses. El calendario lunar, creado por los babilonios y
hoy todavía en uso entre los mahometanos, se basa en
cambio en el año subdividido en doce meses lunares, de
veintinueve y treinta días alternativamente. El calendario lunisolar,
adoptado por los pueblos hebreos, hace referencia a
los movimientos tanto del Sol como de la Luna y está
compuesto de "años corrientes", divididos en 12 lunaciones y
"años embolismales", divididos en 13 lunaciones. Nuestro
calendario solar fue adoptado en 1582, como consecuencia
de la reforma realizada por el papa GREGORIO Xlll sobre
la base de los cálculos de los astrónomos Luis LILIO y Cristóbal CLAVIUS. La reforma
se hizo necesaria debido a la
errónea longitud (365,25 días) del año en el calendario en
vigor hasta ese momento. Este era el conocido como
Juliano, del nombre de Julio César que lo había instituido en
el 46 a. J.C., y había hecho anticipar la fecha del comienzo de la
primavera del 21 al 11 de marzo y con ello se había
desplazado también la repetición periódica de Pascuas. GREGORIO Xlll
decidió que al 4 de octubre de 1582 siguiera el
15 de octubre, para corregir el desfase de diez días entre
el año astronómico y el civil que se había establecido en el
curso de los siglos; además estableció que el nuevo calendario
tomase como unidad de medida el año trópico.
Calisto.
Es el segundo satélite en tamaño de
Júpiter, después de Ganímedes. Tiene un
diámetro de 4.820 km veces el de la Luna, una masa de
aproximadamente 1023 kg (1,5 veces la de la Luna), dista un
promedio de 1.880.000 km del planeta y orbita a su
alrededor con un periodo de dieciséis días, dieciséis horas
treinta y dos minutos. Es uno de los cuatro satélites galileanos
(Io, Europa, Ganímedes y Calisto, en orden de distancia desde
Júpiter), llamados así porque los descubrió Galileo GALILEI. Después de
las imperfectas observaciones realizadas
desde la Tierra, Calisto, como los otros satélites
jupiterianos, ha sido observado de cerca por las dos sondas americanas
"Voyager 1", en marzo de 1979, "Voyager 2", en
julio del mismo año. Se ha captado de él una imagen de un mundo
"lunar" carente de atmósfera, pero con una superficie helada y
mucho más densamente cubierta de cráteres que nuestra
Luna. Su densidad es un poco superior a la del agua: 1,8 g/cm3. Se piensa que
bajo la superficie helada haya un
"manto" caracterizado por agua en estado líquido y por un núcleo de
materiales más densos.
Cáncer.
Es una de las 12 constelaciones del
Zodiaco, la cuarta, en la cual el Sol
alcanzaba, hace dos mil años, su máxima altura al norte del
Ecuador (alrededor de 23° y 27') en el día del Solsticio de
verano (21 de junio).
Cangrejo
(nebulosa del). En 1054, en la
constelación de Tauro se encendió de
improviso una estrella que antes no existía. En poco tiempo
alcanzó una magnitud de –5m, más luminosa que el planeta
Venus en su máximo esplendor, y permaneció visible durante
casi un mes en pleno día. El hecho fue considerado tan
extraordinario que los astrónomos de la época, en particular
los chinos, que eran atentos observadores de los
fenómenos celestes, lo registraron en sus tablas.
Canopo.
Es la segunda estrella más luminosa
del cielo: –0m, 7. Se encuentra en la
constelación de la Quilla, dista de nosotros 110 AL y es 25
veces más grande que el Sol.
Capricornio.
Es una de las 12 constelaciones del
Zodiaco, la décima, en la que el Sol
alcanzaba, hace dos mil años, su – 26 – máxima altura al sur del
Ecuador (alrededor de –23° y 27') en el día del Solsticio de
Invierno (22 de diciembre)
®Trópico de Capricornio.
Carbono
(ciclo del). Es un proceso de fusión
termonuclear que tiene lugar en el Sol y
en otras estrellas y conduce a la transformación de hidrógeno
en helio, acompañada de la liberación de grandes
cantidades de energía. (®Sol).
Cartografía
de las estrellas. Los mapas celestes
son una ayuda indispensable para
conocer la posición de una estrella en el cielo. Para conocer
las cartas estelares se imagina que todas las estrellas estén en
una esfera ideal, de radio infinito, teniendo el centro
coincidente con el de nuestro planeta, y que se suele llamar
"esfera celeste". También la representación cartográfica del cielo sigue
las reglas de la terrestre planetaria. A la esfera
celeste se le asigna un sistema de Coordenadas celestes de
manera que cada posición ocupada por una estrella esté
definida por dos coordenadas -en general, se unen la ascensión recta y
la declinación-, así como cualquier punto de la
superficie terrestre está definida por dos coordenadas: longitud y
latitud. También para los mapas estelares se utilizan
proyecciones estereográficas o de Mercator, según se deben
representar las zonas polares o las ecuatoriales de la esfera
celeste: en los atlas más precisos, toda la esfera celeste es
subdividida en numerosas zonas que después son ampliadas y
reproducidas, precisamente, sobre la superficie plana de
la hoja. Con esta técnica, se reducen al mínimo las
deformaciones de los ángulos.
Cartografía
de los planetas. La exploración de
cerca de los planetas y de los
satélites del sistema solar ha proporcionado imágenes tan detalladas que
permiten la elaboración de mapas similares a
aquellos con los que se representa la superficie de la Tierra.
Ha nacido así la cartografía del sistema solar, que utiliza
los mismos métodos de la cartografía terrestre. Los planetas son
representados recurriendo a diferentes tipos de
"proyecciones geográficas". La proyección estereográfica, utilizada
para representar las áreas polares de un planeta, se
obtiene disponiendo un plano ideal tangente al Polo del planeta
y proyectando sobre él los detalles geográficos del
área solar, utilizando como centro de proyección el polo
opuesto. La proyección cilíndrica de Mercator, utilizada para
representar las regiones próximas al Ecuador de un planeta, se
obtiene imaginando insertar en un cilindro de papel el
propio planeta, de manera que su ecuador coincida con la
circunferencia del cilindro; utilizar como centro de proyección el
centro del planeta; y, por último, desenrollar el
cilindro que se transformará en un rectángulo de papel plano,
con la reproducción de toda el área ecuatorial del planeta.
La proyección cónica de Lambert, utilizada para representar
las zonas intermedias entre los polos y el ecuador, se
obtiene insertando el planeta dentro de un cono, de manera
que sea tangente al paralelo de la zona que se va a
representar, utilizando como centro de proyección el centro del
planeta. Obviamente, para todos estos tipos de proyección,
la reproducción será fiel en las zonas de tangencia e
imperfecta a medida que uno se va alejando de ella.
Cassegrain.
Es un tipo de telescopio reflector caracterizado por dos espejos: el
principal o primario, cóncavo, recoge la luz del objeto observado y
la refleja sobre un espejo secundario, convexo. Este último, a su
vez, envía hacia atrás la imagen hasta un agujero
existente en el centro del espejo primario, una vez traspasado
el cual la imagen es ampliada por un ocular. Este esquema,
que se puede considerar como una evolución del telescopio
reflector newtoniano, fue inventado en 1672 por el
físico francés N. Cassegrain. Telescopios de tipo
Cassegrain están en funcionamiento en algunos de los observatorios
astronómicos más importantes del mundo. En tamaño más
reducido, es utilizado habitualmente por los astrónomos
aficionados de todo el mundo. Para una comparación entre
las diversas características de los telescopios, tanto
reflectores como refractores,
®Telescopio.
CASSINI, Gian Domenico. (1625-1712) Famoso astrónomo italiano cuyo nombre está
principalmente unido a la llamada división de Cassini, pero
CASSINI a quien también se deben otros importantes
descubrimientos. Con sólo veinticinco años de edad le fue confiada
la cátedra de Astronomía de la Universidad de
Bolonia. En esta ciudad, en la catedral de S. Petronio, hizo trazar
el inmenso cuadrante que atraviesa oblicuamente el suelo de la
iglesia, por medio del cual corrigió las tablas del
movimiento del Sol. En 1665 descubrió el movimiento de rotación de
Júpiter alrededor de su propio eje y midió su
duración. Al año siguiente procedió del mismo modo con Marte. En
1668 elaboró las tablas de los movimientos de los
cuatro satélites de Júpiter descubiertos por GALILEO, que
después sirvieron a Olaf ROEMER (1644-1710) para el cálculo
de la velocidad de la luz. Invitado por el ministro francés
Colbert, se trasladó en 1669 a París para dirigir allí el
nuevo Observatorio Astronómico. Aquí descubrió, en el
periodo de trece años, cuatro satélites de Saturno: Japeto, Rhea,
Tetis y Dione, bautizados por él como "Ludovici" en
honor del "Rey Sol"; y en 1675, como ya se ha recordado, la
división del anillo de Saturno que lleva su nombre. Observó
durante varios años, junto con su discípulo Fatio, la Luz
zodiacal y por primera vez, en 1683, puso de relieve su
naturaleza extraterrestre y no meteorológica. Comparando las observaciones
realizadas sobre las posiciones del planeta Marte
por Richter en Cayena, con las suyas efectuadas en París,
es decir a 10.000 km de distancia, logró calcular, con una
precisión jamás alcanzada hasta entonces, la distancia de
Marte a la Tierra. También se dedicó a una nueva y precisa
determinación de las distancias de los otros planetas al
Sol. Murió ciego, probablemente debido a los largos años
dedicados a la observación del cielo, después de haber
dictado su autobiografía. Su hijo Giacomo, llamado CASSINI II, le
sucedió en la dirección del Observatorio y después de él
su sobrino Cesare Francesco (CASSINI III), y por
último su sobrino-nieto Giacomo Domenico (CASSINI IV), que
fue el último de la ilustre dinastía de astrónomos.
Catadióptrico
(sistema). Es un sistema óptico que
utiliza una combinación de espejos y
lentes con el fin de mejorar la calidad de la imagen. Los
primeros intentos de realizar sistemas catadióptricos
fueron llevados a cabo a comienzos del siglo XX, sin embargo el
primer resultado satisfactorio se debe a Bernhard SCHMIDT (1879-1935),
que en 1930 introdujo una placa
correctora en un telescopio reflector, obteniendo así un campo
visual mucho más amplio y exento de aberraciones. Los
telescopios de este tipo o Schmidt, como son llamados, tienen
una amplia utilización en astrofotografía. Otro sistema catadióptrico
ha sido desarrollado en 1944 por el soviético
Dimitri Maksutov (1896-1964). Los esquemas de los sistemas
catadióptricos están tratados detalladamente en la voz
Telescopio.
Catálogos
estelares. Los catálogos estelares son
listas que contienen las posiciones de
los astros y pueden ser comple- – 27 – tados por planos con la
configuración de las estrellas sobre la esfera celeste. El más
antiguo catálogo conocido se remonta al año 130 a. J.C. y se debe
a HIPARCO de Nicea (190 a. J.C. aprox. –125 a.
J.C.). En él se hacía referencia a unas 850 estrellas de las más
luminosas y por primera vez se introdujo la subdivisión en
clases de magnitudes estelares según la luminosidad
aparente. Lamentablemente esta obra se ha perdido y sólo tenemos
testimonios indirectos de ella, pero se considera que un
sucesivo catálogo de TOLOMEO (90-168 d. J.C.
aproximadamente), publicado alrededor del 150 d. J.C. en el Almagesto,
retoma el trabajo de HIPARCO. Los sucesivos catálogos
recopilados en la Edad Media se basan en el tolomeico y será
preciso esperar el advenimiento del astrónomo más importante
de la era pretelescópica, Tycho BRAHE, para tener
un sustancial mejoramiento de calidad en la medición de
las coordenadas estelares. En 1700, John FLAMSTEED (1646-1719)
trabajó asiduamente en su Historia coelestis
britannica, que contiene las posiciones de 2.935 estrellas, que
representa el primer catálogo recopilado con la ayuda de un
telescopio. Sobre esta base se llevó a cabo una recopilación de
mapas, conocida con el nombre de Atlas Coelestis. Sin
embargo, el primer catálogo moderno importante, conteniendo
objetos hasta la décima magnitud, es el Bonner
Durchmusterung (literalmente: Reseña de Bonn), completado en 1862
por W. F. Argelander (1799- 1875). En él se presentan
las coordenadas de unas 324.198 estrellas del hemisferio
Norte. La reseña después fue ampliada por Edward Schonfeld hasta
el Trópico de Capricornio y, más tarde, un grupo de
astrónomos argentinos la completó con las estrellas
del Polo Sur celeste. A partir de mediados del siglo XVIII se han
recopilado también catálogos especiales que contienen las
posiciones estelares determinadas con métodos de alta
precisión, por medio de los denominados instrumentos
meridianos. Su finalidad es la de establecer las variaciones
en el tiempo de las posiciones de cada una de las estrellas, y
por lo tanto su Movimiento propio. Los primeros
catálogos de este tipo fueron realizados por James BRADLEY (1693-1762)
y por el alemán Friedrich W. BESSEL (1
784-1846). Las estrellas variables son clasificadas en reseñas
separadas: el Catálogo general de las estrellas variables recoge
unas 25.000. Las nebulosas, las galaxias y los cúmulos
estelares vienen indicados con la letra M, o bien con las
siglas NGC, seguidas de un número. El primero de estos símbolos
se refiere al astrónomo francés Charles Messier (1730-1817),
quien, hacia finales del siglo
XVIII recopiló un catálogo con nebulosas, galaxias y cúmulos estelares hasta un total de
45, visibles en el hemisferio Norte. A finales del siglo XIX Johannes DREYER (1852- 1926) realizó un catálogo de
7.840 objetos, basándose, sin embargo, también en
observaciones realizadas con anterioridad por HERSCHEL padre e
hijo. Recibió el nombre de New General Catalogue of
Nebulae and Clusters of Stars o, más brevemente, NGC. Por lo
tanto, resulta frecuente encontrar en los textos de astronomía
que, por ejemplo, la nebulosa del Cangrejo se
indica con M 1, porque se trata del primer objeto clasificado
en el catálogo Messier, o bien NGC 1952, porque es el 1952
objeto del catálogo elaborado por DREYER.
Cefeidas.
Son un tipo especial de estrellas
variables que cambian su luminosidad
cíclicamente, en tiempos comprendidos entre 1 y 50 días. Su nombre
deriva de "delta Cefei", que es la primera estrella
de este tipo, descubierta en 1784 por el astrónomo aficionado
inglés John GOODRICKE. Su estructura física es la de
las estrellas gigantes, hasta 10 veces el Sol, de color amarillo.
Estas se encuentran tanto en nuestra Galaxia, donde están
preferentemente situadas en los brazos de la espiral,
como en otras. La importancia de las Cefeidas es enorme para
la determinación de las distancias estelares: han sido
bautizadas como las piedras miliares del Universo. En efecto,
existe una relación muy precisa entre la variación cíclica
de la luminosidad de una Cefeida y su luminosidad intrínseca,
o Magnitud absoluta, y, cuanto más largo es este ciclo, más
luminosa es la estrella. Por otra parte, los astrónomos,
midiendo la magnitud aparente o visual de una estrella y
conociendo la que tiene como absoluta, pueden determinar su
distancia. De este modo, cada Cefeida representa un
verdadero indicador de distancias.
Celostato.
Es un espejo plano montado sobre un
eje paralelo al eje de rotación terrestre
y movido por un mecanismo de relojería, de tal forma que
siga al Sol en su movimiento diurno aparente. La imagen
del Sol, recogida por el celostato, es enviada hacia un segundo
espejo plano, que tiene como función reflejarla en
la misma dirección. El instrumento permite disponer, a lo largo
del trayecto óptico de los rayos, lentes e instrumentos
de análisis de la luz solar que permanezcan fijos. El
celostato se encuentra, habitualmente, debajo de una cúpula
giratoria en el vértice de un telescopio vertical, también llamado
Torre solar.
Cenit. Es el punto de la esfera celeste situado en la vertical del observador.
Centaur
(misil). Misil de hidrógeno líquido, utilizado
como sección superior en
combinación con otros cohetes. Con una longitud de 9 m, y un
diámetro de 3 m, está dotado de dos motores que desarrollan un
empuje de 13.600 kg. El 30 de mayo de 1966 un Centaur fue
utilizado como segunda sección del misil Atlas para lanzar
el Surveyor 1 hacia la Luna. Más tarde, como sección
final del misil Titan III, fue empleado para el lanzamiento de
algunas sondas espaciales interplanetarias, como el
Viking enviado hacia Marte.
Centelleo.
A causa de la turbulencia atmosférica,
la luz de los cuerpos celestes
presenta una luminosidad variable A este fenómeno se le da el
nombre de centelleo. Para solucionarlo, los astrónomos construyen
sus observatorios por encima de la capa
atmosférica más densa y turbulenta, en los altiplanos y en las
montañas muy frecuentemente por encima de los 2.200 metros
de altura. El centelleo, obviamente, desaparece en el espacio
extraterrestre donde operan, con grandes ventajas, los
observatorios astronómicos situados en los satélites
artificiales.
Centrífuga
(fuerza). Es la fuerza que se pone de
manifiesto en los movimientos
rotatorios y que tiende a impulsar al objeto hacia el extremo de
la curva. Aumentando la velocidad de rotación del cuerpo, su
valor tiende a crecer. En el caso de un cuerpo unido a la
extremidad de una cuerda que se hace girar en una órbita
circular, teniendo con la mano el otro extremo de la cuerda
extendida, la fuerza centrífuga es la que mantiene la cuerda en
tensión y que se siente como una tracción en la mano. A ella
se opone una fuerza igual y contraria y llamada
centrípeta, la que la mano ejerce sobre el objeto a través de la
cuerda. En el caso de un satélite artificial en órbita
alrededor de la Tierra, la fuerza centrífuga que le imprime a éste el
cohete con el cual ha sido lanzado equilibra exactamente la
fuerza centrípeta, que en este caso coincide con la fuerza
de atracción gravitacional, y el cuerpo permanece girando
alrededor de nuestro planeta. Sin embargo, si el espacio en el
cual orbita el satélite tiene un elemento que opone al
movimiento una leve resistencia, – 28 – como por ejemplo partículas
de gas rarificadas pertenecientes a la atmósfera exterior de
la Tierra, la velocidad de rotación tiende a disminuir,
así como la fuerza centrífuga. En este caso, la fuerza de
atracción gravitacional, que ya no está equilibrada,
predominará sobre la fuerza centrífuga y tenderá a atraer al
satélite, haciéndolo caer hacia la Tierra. Este es el mecanismo por medio
del cual los satélites artificiales en órbitas bajas, tienen
vidas medias relativamente modestas y caen hacia
nuestro planeta destruyéndose.
Ceres. Es el más grande de los Asteroides o pequeños planetas y el primero en
haber sido descubierto, y lo fue por Giuseppe PIAZZI (1746-1826),
director del observatorio astronómico de Palermo, el 1
de enero de 1801. Tiene un diámetro de 1.000 km y
completa una vuelta alrededor del Sol cada 4,6 años, a una
distancia media de 413.800.000 km. Ceres, en el máximo de
su luminosidad aparente, apenas es visible a simple vista
desde la Tierra.
Cero
absoluto. Es la temperatura
correspondiente a –273 °C. Es considerada el punto
cero de la escala termométrica absoluta, por cuanto se
considera que a temperaturas tan bajas la materia se
encuentra en estado de reposo absoluto, en el sentido de que las
moléculas no se hallan ya animadas por vibraciones de ninguna
especie.
Cerro
Tololo (observatorio). Es un
observatorio astronómico enclavado en la montaña de
Cerro Tololo, en los Andes chilenos, a una altura de
2.160 m, con un gran telescopio reflector de 4 m, de
diámetro, gemelo del de Kitt Peak, en Arizona. Está en
funcionamiento desde 1967 por iniciativa de la AURA (Association of Universities
for Research in Astronomy).
CETI. Sigla que indica genéricamente los programas de investigación de vida
extraterrestre a través de señales de radio u otros medios
oportunos. Literalmente quiere decir: «Communication with Extra
Terrestrial Intelligence" (comunicación con inteligencia
extraterrestre). Algunos estudiosos que se dedican a estas
investigaciones consideran la sigla como demasiado
concreta y prefieren adoptar una similar: SETI o sea «Search
for Extra Terrestrial Intelligence (investigación de
inteligencia extraterrestre), la cual incluye, o por lo menos no
declara de manera manifiesta, la ambición de un diálogo con
los extraterrestres y se limita a hablar genéricamente de
investigación. Los programas CETI parten de estas bases: la
vida es un fenómeno de alcance cósmico, que se ha
desarrollado en otros planetas similares a la Tierra pertenecientes a
lejanos sistemas solares, y, por lo tanto, puede existir un
porcentaje de tales planetas en los que la vida ha evolucionado
hasta alcanzar el estadio de una civilización tecnológica (®Astrobiología). Dada por descontada esta premisa, se ha
considerado oportuno ponerse a la escucha, con los
radiotelescopios, para tratar de captar eventuales señales de radio
enviadas por civilizaciones extraterrestres, anhelantes
de entrar en contacto con seres semejantes. Algún estudioso
considera sumamente útil dirigir mensajes hacia
estrellas lejanas, con la esperanza de recibir una respuesta.
Llevando la investigación sobre la vida extraterrestre a la
lógica del contacto por radio, los problemas claves son los
relativos a la dirección en la cual pueden llegar los mensajes y
las frecuencias de escucha; en otros términos, hacia dónde
dirigir los radiotelescopios y en qué canales sintonizarlos en
la esperanza de captar señales inteligentes. El primer
aspecto se ha solucionado seleccionando, entre muchas, una serie de
estrellas similares al Sol que se piensa deben poseer
planetas de tipo terrestre; o bien efectuando intentos de
escucha omnidireccional. En lo relativo al segundo
problema, se ha elegido la denominada región de las microondas
(frecuencia de aproximadamente 1 a 10 gigaHertz) en la que se
registra el mínimo ruido de fondo natural y que es
considerada, por lo tanto, como el canal seleccionado por
cualquier sociedad tecnológica intencionada para realizar contactos
cósmicos sin interferencias. Esta región, aunque estrecha
con respecto al espectro íntegro de radio-ondas,
contiene sin embargo miles de millones de bandas en las
cuales es posible sintonizar. Entre todas, los
investigadores de programas CETI consideran que las elegidas deben ser:
la del hidrógeno (H) a 1,4 gigaHertz, y la del oxidrilo
(OH) a 1,7 gigaHErtz. Esto se debe a que estas dos
moléculas representan los productos de disociación del agua, el
elemento básico de la vida. Estas también deberían ser
preseleccionadas por los extraterrestres, por cuanto son canares
simbólicos de las comunicaciones entre civilizaciones
galácticas. Los programas de investigación de civilizaciones
extraterrestres comenzaron en 1960 por iniciativa del
astrónomo Frank Drake, quien escuchó durante cuatrocientas horas
dos estrellas del tipo solar: Ceti y Eridani, distantes
unos 11 AL de nosotros. A partir de entonces las escuchas se
han multiplicado, utilizando radiotelescopios diseminados
por todo el mundo. Hasta ahora se ha intentado con
algunos miles de estrellas, pero los resultados han sido
negativos. El 16 de noviembre de 1974, Frank Drake realizó el
primer intento de diálogo con una civilización
extraterrestre enviando, por medio del gran radiotelescopio de Arecibo
una señal de tres minutos conteniendo algunas informaciones
fundadas sobre la raza humana y nuestro sistema solar,
sintetizadas en código binario. La señal está viajando hacia
un grupo de estrellas de la aglomeración M13, que dista
alrededor de 24.000 AL de nosotros. Dado los tiempos
necesarios para una eventual respuesta (48.000 años), el
intento de Drake debe considerarse sólo como un simple
experimento demostrativo. Recientemente, algunos estudiosos han
criticado la elección de la radio como instrumento
eficaz de comunicación, considerándolo como un prejuicio de nuestra
civilización hacia las telecomunicaciones, y han
sugerido experimentar con otros medios de contacto basados
en los rayos láser, radiaciones infrarrojas, sondas
interestelares, etc. Los programas CETI y SETI, desarrollados
principalmente en Estados Unidos y en la antigua Unión
Soviética, atraviesan un periodo de crisis porque el
"stablishment" político no los considera suficientemente motivados y,
por lo tanto, se muestra reacio a conceder los fondos
necesarios para su financiación.
Circumpolar.
Se dice de aquellas estrellas que, a
causa del movimiento de rotación de la
Tierra, parecen girar alrededor de la Estrella Polar y que
no se ocultan jamás para el observador de una
determinada latitud. Para que una estrella sea circumpolar es necesario
que su distancia angular desde el polo sea inferior a
la latitud del observador. Así por ejemplo, a una latitud
de 450, todas las estrellas que tienen una distancia angular
desde el polo inferior a 450 son circumpolares. Para un
observador situado en el Polo Norte, es decir, a 90 de latitud,
todas las estrellas son circumpolares y, para uno situado en el
Ecuador, ninguna estrella es circumpolar.
Cita. Es una maniobra que lleva a dos o más vehículos espaciales a aproximarse
recíprocamente. La cita puede ser el preludio de un simple
reconocimiento visual de los vehículos involucrados, o bien de un
Amarre (docking); en este último caso los vehículos
espaciales deben ser conducidos – 29 – lentamente hasta tener una
velocidad relativa casi nula. Una misión de cita puede hacerse
necesaria cuando se quiera efectuar la exploración
desde muy cerca de un cuerpo celeste, por ejemplo un cometa, por
parte de una sonda espacial. En este caso los técnico
americanos diferencian el "rendezvous" o vuelo de la sonda que se
acerca al cuerpo celeste y lo sigue durante un cierto
periodo manteniendo su misma velocidad y dirección de
desplazamiento, del "flyby" o paso rápido junto al cuerpo
celeste con una velocidad y dirección diferentes.
Clases
espectrales. Desde la segunda mitad
del siglo XIX el astrónomo jesuita italiano
Angelo Secchi (1818-1878), observando los Espectros de
las estrellas (es decir, esas franjas con los colores del
arco iris que se obtienen haciendo pasar la luz a través de un
prisma), notó que éstas presentaban características diferentes
según las temperaturas superficiales de las propias
estrellas. Las temperaturas, a su vez, están en estrecha
relación con el color de las estrellas: las más calientes emiten una
luz blanco-azul y las más frías una luz rojo-oscura. Nuestro
Sol, que tiene una temperatura intermedia entre estos dos
extremos, emite, como es sabido, una luz de color
preponderantemente amarillo. Por lo tanto, Secchi apuntó las bases de
la clasificación espectral que, en sus líneas esenciales, aún
se sigue. Las estrellas están divididas en 10 clases espectrales, a
cada una de las cuales se le asigna una letra del
alfabeto en esta sucesión: O, B, A, F, G, K, M, R, N, S. A las
primeras letras corresponden las estrellas más calientes,
caracterizadas por los espectros más simples; a las últimas, las
más frías, espectros de creciente complejidad. Las estrellas
supercalientes, llamadas de tipo WOLF Rayet por el
nombre de los astrónomos que las estudiaron, son indicadas con la letra W
y a veces asociadas a la O, a la cabeza de la
sucesión. Como en cada clase espectral, es decir, en cada letra,
existen diferentes variedades de estrellas, se ha creado
también para cada letra, una posterior división en 10 tipos
espectrales.
CNES. Siglas del Centre National d'Etudes Spatiales, el organismo espacial francés.
Tiene su sede en París, pero su principal base de
lanzamiento se encuentra en Kourou, en la Guayana francesa, al norte
del Brasil.
Cohete.
Es el vehículo que ha permitido al
hombre salir de la Tierra para iniciar la gran
epopeya de la exploración espacial. Conocido desde la antigüedad
y utilizado durante siglos como instrumento de
guerra, sólo desde hace relativamente poco tiempo el cohete ha
sido tomado en consideración como pacífico medio de
propulsión capaz de vencer la fuerza de atracción que
nos mantiene unidos a nuestro planeta. Su desarrollo
efectivo comenzó poco después de la última guerra mundial y
después de haber sido, una vez más, empleado por el hombre
como instrumento de muerte. Características. Por cohete
se entiende habitualmente un huso aerodinámico que
contiene en su interior un motor a reacción, los depósitos para
los propulsores y la llamada «carga útil» para
transportar, y que es capaz de elevarse verticalmente o con una
determinada inclinación desde el suelo o desde el aire. El
corazón de un vehículo de este tipo es el motor a reacción o
cohete, que está en condiciones de proporcionar el empuje
necesario a su movimiento aprovechando el principio físico de
acción y reacción. En base a este principio, enunciado por
primera vez por Isaac NEWTON (1642-1727), a toda acción
corresponde una reacción igual y contraria (tercera ley del
movimiento). En este motor la acción está representada por
un flujo de partículas producidas por medio de procesos
químicos y/o físicos de diverso tipo, que son expulsadas a
altísimas velocidades en una determinada dirección; la
reacción, en cambio, está representada por el movimiento del
vehículo en la dirección opuesta a aquella en que son
expulsadas las partículas. (Conviene aclarar los
conceptos porque así parecería que el principio de acción y
reacción es una exclusividad del motor a chorro. En cambio, este
principio está en la base de todos los movimientos incluso de
nuestro caminar. En efecto, el roce de nuestros zapatos
sobre el suelo, impulsa hacia atrás la tierra, acción, y, por
consiguiente, nosotros avanzamos, reacción. Esta explicación
podría parecer paradójica, pero es fácil comprobarla
tratando de caminar sobre una superficie lisa como una pista de hielo
para patinadores: sin el roce entre zapatos y suelo no
logramos desencadenar el mecanismo de acción y reacción y
efectuamos pasos en el vacío). Muy esquemáticamente, un
motor cohete, que puede ser de diferentes tipos según el
proceso de funcionamiento en el que se basa, está
constituido por una cámara donde se lleva a cabo la producción de las
partículas a expulsar, por los aparatos necesarios para
alimentar tal producción y por una válvula, o tobera de
descarga, a través de la cual las partículas producidas son expulsadas a
altísima velocidad. Para un cohete que parte de tierra,
a nivel del mar, y que debe alcanzar en pocos minutos la
extraordinaria velocidad de 28.000 km/h, necesaria para
ponerse en órbita alrededor de la Tierra (en cambio, si se
quiere salir de la Tierra directamente y dirigirse hacia un planeta
exterior, esta velocidad debe ser de 40.000 km/h), es
preciso un motor que expulse una gran masa de partículas
lo más rápidamente posible, es decir, que ejerza una acción
adecuada a la reacción que se quiere obtener. Esto se
logra utilizando motores a reacción capaces de proporcionar
elevados empujes. El empuje de un cohete se mide en kilogramos
y, para un vehículo que parte verticalmente desde el
suelo, debe resultar del 30 al 50 por cien superior al peso de
todo el vehículo. Sin embargo, las altas velocidades requeridas
para los vuelos astronáuticos que parten de tierra no
pueden alcanzarse, habitualmente, con un solo cohete, aunque
sea grande y potente. Se utiliza entonces la técnica del
cohete multisecciones, es decir, dos o más cohetes colocados uno
sobre el otro (o bien como en el caso del transportador
que conduce al Space Shuttle, dos cohetes auxiliares que están
a los lados del principal), de manera que, agotado el
empuje de la primera sección, se enciende la segunda y así
sucesivamente. Naturalmente, las secciones siguientes a la
primera, tendrán más ventajas porque partirán, en vez de
con velocidad cero, con la velocidad final adquirida por la
sección anterior Motor de cohete. El aparato propulsor de un
cohete, según el mecanismo empleado para la producción
de las partículas que proporcionan el empuje, puede estar
comprendido en una de las siguientes categorías:
cohete químico, cohete nuclear, cohete a iones. 1) Motor de
propulsión química. Es el tipo más extendido. El proceso
químico que lo alimenta es la combustión de determinados Propulsores
que desarrollan las partículas gaseosas a alta
temperatura y velocidades responsables del empuje. Mientras el
propulsor que alimenta el motor de un avión a reacción
está compuesto de un solo componente químico, el
llamado combustible (en este caso específico se trata de
queroseno) que se quema por el oxígeno que el motor extrae del
aire, el propulsor que alimenta a un motor a cohete debe
tener, además del combustible, también un oxidante (o
comburente), es decir, un compuesto químico necesario para hacer
quemar el combustible, debido a que el cohete debe
volar sobre todo en el vacío del espacio, donde no hay
oxígeno. Los cohetes de propulsión química, a su vez, pueden
ser de dos tipos: de propulsor sólido y de propulsor
líquido. En los cohetes de propulsor – 30 – sólido, el combustible y el
oxidante se mezclan conjuntamente bajo la forma de un polvo
compacto y solidificado, llamado grano. Este se
acumula en la cámara de combustión adhiriéndose perfectamente a
las paredes y dejando un agujero cilíndrico central.
La ascensión del grano se lleva a cabo por medio de un impulso
eléctrico. Una de las combinaciones más utilizadas para
propulsores sólidos es la mezcla de poliuretano, un
combustible plástico, con perclorato de amonio como oxidante;
aunque también se emplean otras mezclas (véase tabla). Los
cohetes de propulsor líquido, por lo general, llevan el
combustible y el oxidante en dos depósitos separados. Los dos líquidos
son enviados por medio de una bomba a la cámara de
combustión donde, al entrar en contacto, desarrollan el
proceso químico que da lugar a un potente flujo de partículas
gaseosas. Una de las combinaciones más empleadas para los
cohetes de propulsor líquido es la de hidrógeno líquido
(combustible) con oxígeno líquido (oxidante). Esta ha sido la
adoptada, por ejemplo, para alimentar algunos de los
numerosos motores del Saturno V, que llevó a los americanos a
la Luna. Naturalmente, gases como el hidrógeno y el
oxígeno existen en estado líquido a temperaturas criogénicas
(algunas decenas de grados por encima del cero absoluto):
por lo que las operaciones para cargar los depósitos son
sumamente complejas, tal como se contempla cuando se cargan
los depósitos de un cohete de propulsor líquido que se
halla en la rampa de lanzamiento. Otra combinación de
propulsores líquidos es la de hidrazina (combustible) y peróxido de
nitrógeno (oxidante), actualmente utilizada en los motores
principales del Space Shuttle. También existen cohetes de
propulsión líquida que recurren al llamado
monopropulsor, es decir, a un único compuesto químico en estado
líquido que se hace pasar a través de un catalizador,
presente en el interior de la cámara de combustión, que tiene el
poder de descomponerlo en una mezcla gaseosa que se quema.
Tal es, por ejemplo, el peróxido de hidrógeno que, en
contacto con un catalizador de platino, se descompone en
oxígeno y vapor de agua sobrecalentado. Una característica que
diferencia a los cohetes de propulsión sólida de los de
propulsión química es que, en los primeros, la combustión
y, por lo tanto, el empuje, dura hasta la extenuación del
propulsor; en cambio en los segundos es posible bloquearla,
interrumpiendo el flujo de alimentación del propulsor líquido
contenido en los depósitos, por medio de una válvula. 2)
Cohete nuclear. Se trata de un tipo de motor aún en estado
de proyecto, en el cual no se llevan a cabo procesos de
combustión, sino que los gases son llevados a las altas
temperaturas necesarias para obtener el empuje del calor generado
por un reactor a fisión nuclear (del mismo tipo de
las centrales para la producción de energía eléctrica). Cuando
el hombre esté en condiciones de dominar el proceso de
Fusión nuclear se podrán realizar también cohetes a fusión.
Los propulsores tomados en consideración para alimentar
un motor de cohete a fisión nuclear son el hidrógeno
líquido o, incluso, el agua; hechos pasar a través de un
radiador de calor, alimentado por la pequeña central nuclear en
miniatura, son transformados en gases y entonces expulsados,
como en un motor de cohete químico, a través de la
tobera de descarga. Una concepción distinta de cohete nuclear
apunta sobre un mecanismo de empuje que se basa en las
acciones dinámicas y térmicas desencadenadas por una
pequeña sucesión de explosiones nucleares, precisamente como
las producidas por un artefacto bélico. Esta línea de
investigación fue iniciada en los años sesenta por un grupo de
físicos americanos en el ámbito del proyecto Orión, pero no
fue continuada. Aún hay que señalar el proyecto
desarrollado por la British Interplanetary Society para cuando se
alcance el objetivo de la fusión nuclear controlada: un
cohete movido por un chorro de plasma generado a través de
este tipo de proceso nuclear. La propia British
Interplanetary Society ha presentado el esquema de una misión de
exploración de algunas estrellas cercanas, por medio de una
astronave a fisión nuclear bautizada Dédalo, que debería alcanzar
una velocidad de 40.000 km/s, es decir, casi el 14 %
de la velocidad de la luz. Los cohetes nucleares, si bien
los estudios y experimentos en el sector han comenzado a
principios de los sesenta (ver Nerva), todavía no han encontrado
aplicación práctica, tanto a causa de su elevado costo,
como por los problemas de carácter ambiental provocados por la
diseminación de sustancias radioactivas en la atmósfera
terrestre. Es probable que motores de este tipo operen
en ambiente extraatmosférico. 3) Cohete a iones. Aunque
aún se encuentre en fase experimental, el cohete a iones parece muy
prometedor, sobre todo para los viajes de
larga duración. El fenómeno físico sobre el que se basa es
precisamente la ionización, es decir, la posibilidad de que los
átomos se carguen eléctricamente después de haberles quitado
los electrones. El propulsor utilizado para este tipo de
cohete es un metal alcalino, por ejemplo el cesio, cuyos átomos
pueden ionizarse con facilidad haciéndolos pasar a través
de una rejilla sobrecalentada. Inmediatamente después, los
iones así formados son acelerados a alta velocidad
por intensos campos eléctricos. Entonces, las partículas de
cesio ionizadas y aceleradas son expulsadas por la tobera de
descarga. Pequeños motoras de iones montados a bordo de
satélites ya han sido experimentados con éxito, hasta el punto de
que la NASA, a finales de los años setenta, proyectaba
el envío de una sonda accionada por un motor de iones en un
largo viaje hacia dos cometas: el Halley y el Tempel 2. Sin
embargo, la empresa ha encontrado dificultades
presupuestarias. Un sistema para determinar las prestaciones
de un cohete, con relación al empleo que se pretende
darle, es el de tomar en consideración dos parámetros
fundamentales: su peso total y su impulso específico. El primer
término no necesita ninguna explicación; aun bastará con
decir sólo que cuanto mayor es el peso complexivo, mayor es
el empuje que debe ejercer el motor para levantarlo de
tierra. Por lo tanto, un requisito importante para un cohete
consiste en recurrir a estructuras, motores y propulsores que
sean lo más livianos posibles. El impulso específico es la
fuerza de empuje en k que un k de propulsor está en
condiciones de proporcionar por segundo. Tratándose de una relación
k/k/s, se deduce fácilmente que el impulso se mide en
segundos. Dicho esto, podemos comparar los diferentes tipos de
propulsión a cohete ilustrados. El cohete químico es lo
mejor que, con la tecnología actual, se puede lograr con el fin
de superar la gravedad terrestre. En efecto, proporciona
impulsos específicos mediocres y, sin embargo, adecuados con
respecto al peso total que debe levantar. Los propulsores
líquidos proporcionan en promedio un impulso específico mayor
que los sólidos y, por lo tanto, son más utilizados
para las secciones principales de los misiles que deben
elevarse de tierra. Los mejores propulsores líquidos alcanzan hoy un
impulso específico de aproximadamente trescientos
ochenta segundos; en cambio, los mejores propulsores
sólidos sólo de doscientos cincuenta segundos Si bien en el
futuro podrán experimentarse propulsores químicos aún más
eficientes, no parece en el actual estado de los
conocimientos que pueda superarse el umbral de los cuatrocientos
segundos de impulso específico. Sin embargo, la limitación
más grave del motor químico, en general, es su escasa
autonomía. Un cohete, tanto de propulsión líquida como sólida, consume
sus propulsores en el plazo de pocos minutos. Es
adecuado por lo tanto para escapar de la gravedad
terrestre, pero después debe realizar – 31 – su viaje por inercia con los
motores apagados, aprovechando la velocidad ya adquirida y,
eventualmente, los campos gravitacionales de otros
cuerpos celestes. Este es el motivo por el cual, aún hoy, los
viajes interplanetarios tienen una duración de meses o de años.
En cambio, si se pudiera disponer de un motor cohete
que estuviera encendido durante largos periodos, los tiempos
de vuelo entre un planeta y otro se reducirían
drásticamente. Si se quisiera mantener encendido un cohete químico
durante períodos muy largos, sería necesario dotarlo de
una reserva de propulsores tan pesada que el vehículo no
lograría jamás despegar de Tierra. Podrían enviarse
separadamente decenas de depósitos y ponerlos en órbita
terrestre, para después unir los todos juntos en el espacio
construyendo así la reserva necesaria para un encendido
prolongado; sin embargo, los costos de una operación de este tipo
serían prohibitivos. El cohete de propulsión nuclear garantiza
en cambio una larga autonomía de la principal fuente de
calor (debe pensarse que, con un pequeño cartucho de material
fisionable como el uranio, un reactor puede funcionar
durante años) y también una transferencia de calor al propulsor, tan
eficiente como para hacerle alcanzar altas
velocidades de expulsión de partículas gaseosas. Se calcula que
llevando a unos 3.000 °C propulsor del tipo del hidrógeno, se
obtendría un impulso específico de más de mil
segundos. Por estas razones, el cohete a propulsión nuclear
surge como una perspectiva muy prometedora tanto en
EE.UU. como en la URSS, donde se trabaja en estos
proyectos con mucho empeño y en gran secreto. El cohete de
propulsión iónica, por último, es el que puede proporcionar el
máximo de impulso específico - miles de segundos- y el
mínimo de empuje. Las partículas alcanzan altísimas
velocidades, pero son muy livianas. Esto significa que un motor de
iones no tendrá nunca la fuerza de levantar un cohete desde la
Tierra y deberá emplearse a partir del espacio. Sin
embargo, garantizando el funcionamiento del motor sin interrupción
durante años, podrá ir acelerando poco a poco hasta
alcanzar las elevadas velocidades necesarias para los largos
viajes interplanetarios o interestelares La historia.
Parece que el cohete fue inventado en China entre el primer y
el segundo milenio después de Jesucristo En efecto, los
chinos conocían la pólvora, como se desprende de la
lectura de un antiguo manuscrito fechado en el 1040 d. J.C.,
el Wu Cling Tsung Yao, donde viene la fórmula. Los
primeros cohetes no eran otra cosa que rudimentarios cilindros
de cartón u otro material, cerrados por un extremo y llenos de
pólvora. Eran encendidos con una mecha y más que nada
servían para sembrar el pánico en las filas de los
adversarios. Dos siglos más tarde, en 1232, los historiadores
comentan que durante el asedio de Kai Fung Fu los chinos
recurrieron a cohetes. Incendiarios similares a fuegos de
artificio. Casi al mismo tiempo, estas temibles flechas
chinas, como se llamaban en Occidente, fueron introducidas en
Europa, donde tuvieron un gran éxito tanto como fuegos
artificiales como Instrumentos bélicos. Después de estos
primeros, rudimentarios intentos, el empleo del cohete no
conoció grandes progresos hasta finales del siglo XVII. En aquel
periodo, en electo, los hindúes utilizaron con tal éxito
baterías de pequeños cohetes de combustible sólido contra
los Ingleses, que un oficial del Imperio británico, William
Congreve, decidió estudiar profundamente las
posibilidades de desarrollo de este Instrumento bélico. Experimentó entonces
con cohetes de propulsión sólida de gran
precisión y fiabilidad, que fueron adoptados por la artillería
inglesa y tuvieron un amplio empleo durante las guerras
napoleónicas Uno de los cohetes de Congreve estaba
constituido por un tubo de hierro de un metro de largo que llevaba
una vara estabilizadora; esta lo hacía desplazar en la
dirección deseada logrando un alcance de 1.800 metros. En el
transcurso del siglo XIX, el cohete se difundió del ejército inglés
a todas las fuerzas armadas de los otros países europeos.
Los pioneros. Mientras tanto, aparte del uso bélico, la
idea del cohete como medio de propulsión para los viajes
más allá de nuestro planeta, se iba abriendo camino gracias
a los estudios de los primeros pioneros de la astronáutica.
Konstantin E. TSIOLKOVSKY (1857-1935), ruso, se dedicó
hacia finales del siglo XIX a establecer las fórmulas
fundamentales que gobiernan el funcionamiento del motor a
cohete; intuyó que los motores de propulsión líquida serían
más eficientes que los de propulsión sólida, desarrollando la
teoría de los transportadores de varias secciones y previendo
que el cohete se convertiría en el único vehículo con el
cual el hombre podría vencer la fuerza de gravedad
y abandonar la Tierra. Más tarde, en Alemania, Hermann
OBERTH (1894)
junto con otros apasionados fundaba la
sociedad alemana para los viajes espaciales,
continuando el desarrollo de los principios teóricos del cohete y del
vuelo espacial. En América, mientras tanto, el americano
Robert H. GODDARD (1882- 1945) hacía volar, en 1926,
el primer misil alimentado con propulsor líquido. Llegamos
así a nuestros días y al hombre que constituye el puente
entre los intentos de los primeros pioneros del vuelo
misilístico y la conquista espacial: Werner
VON BRAUN (1912-1977). Alumno de OBERTH, este joven ingeniero alemán
trabajó, en los años inmediatamente anteriores a la segunda
guerra mundial, en un polígono militar sobre la costa
báltica, Peenemunde, donde eran experimentadas las V-2, los
mortíferos misiles que la Alemania nazi envió a millares sobre
Londres. Caído en las manos de los americanos en
el transcurso de los hechos que acompañaron la ocupación y
la rendición alemana, VON BRAUN llevó a los
EE.UU. la competencia y la tecnología de la misilística alemana.
Trabajó de 1945 a 1950 en Fort Bliss, Texas; después en el
Redstone Arsenal de Alabama, donde continuó construyendo
misiles similares a la V2, pero de dimensiones mayores, que
se convertirían en los primeros ICBM americanos, es decir,
en los primeros transportadores intercontinentales de
cabezas nucleares. En aquellos años, la obra más importante
de VON BRAUN fue la
construcción del misil Redstone y de un
derivado de éste, el Júpiter C. Cuando VON BRAUN se dio cuenta
que tenía a su disposición transportadores de
suficiente potencia, preguntó a las autoridades políticas si
podía emplearlos para poner en órbita un satélite
artificial, pero la respuesta fue negativa. En el ínterin, se
desarrollaba una historia paralela en la URSS. También en este país
habían convergido cerebros y tecnologías alemanas, pero
los rusos se encontraron en ventaja, ya sea porque
durante la guerra habían empleado extensamente misiles a
propulsor sólido, o porque en épocas sucesivas, desarrollando
bombas atómicas de grandes dimensiones y peso (al
contrario de los americanos que habían logrado producir
artefactos más livianos y compactos), habían sido forzados a
producir misiles balísticos intercontinentales más
potentes. Nacían así, por obra de un grupo de expertos,
constituido por Friedrich TSANDER, Sergei KOROLEV, Mikhail TIKHONRAVOV, los
transportadores del tipo A. El 4 de octubre
de 1957 uno de estos misiles, gigantescos con respecto a
los americanos, puso en órbita al Sputnik, el primer satélite
artificial. Los EEUU dieron de inmediato carta blanca a VON BRAUN que,
superando la envidia y competencia
internas en la burocracia militar americana, logró poner en
órbita alrededor de la Tierra, gracias a un Jupiter C, el
primer y pequeño Explorer: era el 31 de enero de 1958. La
relación de potencia entre los primeros misiles americanos
y soviéticos era, en aquellos – 32 – tiempos, de uno a diez. Sin
embargo la carrera había apenas comenzado y los americanos
superarían rápidamente la desventaja que llevaban. La
US Air Force desarrollaba, en efecto, los más potentes
Atlas, Thor y Titan, mientras la URSS continuaba asombrando
al mundo con el lanzamiento de grandes astronaves
tripuladas, del tipo Vostok, Voskhod y Soyuz, por medio de
transportadores cada vez más potentes del tipo A1 y A2. En 1965
hizo su aparición el Proton, aún más potente que los A2,
que transportó al satélite soviético homónimo. Mientras esto
ocurría, VON BRAUN trabajaba en la realización del
gigantesco Saturno V de tres secciones, que llevaría los primeros
hombres a la Luna. En condiciones de operar en 1957, tenía una
potencia de empuje total de 3.500.000 kg, más del
doble que el Proton soviético: la supremacía, diez años
después, pasaba a los americanos. Los soviéticos realizaron
después lo que en Occidente se llama convencionalmente
Supermisil G-2, aún más potente que el Saturno, serviría de
transporte para las grandes estaciones espaciales orbitales.
Después desapareció la exigencia de realizar gigantescos
misiles. En efecto, en los años ochenta, se abrió camino una
nueva concepción de transporte espacial, la de la lanzadera
o Space Shuttle. Se trata de un verdadero transbordador
espacial reutilizable que se pone en órbita por medio de
un cohete convencional. Las estaciones orbitales del
futuro, en lugar de ser lanzadas de una sola vez con grandes
supermisiles, serán montadas en órbita con los materiales
transportados por esta nave. El futuro. Ya se ha hablado de
las prometedoras perspectivas de desarrollo del cohete
nuclear y del de iones. Sin embargo existen otros tipos de
propulsión hoy en estudio. Algunos pueden parecer de cien cia
ficción, como parecían por otra parte los estudios de TSIOLKOVSKY en el
siglo XIX, pero no debe excluirse que de ellos
nazca el sistema de propulsión de un lejano mañana. Una
posibilidad muy sugestiva la constituye el cohete de
fotones. En su motor se generaría un haz de fotones, después
expulsado en cierta dirección. Los fotones, o quantos de luz,
son las partículas portadoras de la radiación electromagnética.
Tienen una masa realmente pequeña, pero son las
partículas más veloces del Universo (300.000 km/s) y en ellas
hay una cierta cantidad de movimiento. La expulsión de un haz
concentrado de fotones de un motor a cohete
determinaría un contraempuje y, en largos periodos, una
aceleración del vehículo hasta altísimas velocidades. El problema,
que no es fácil de resolver, es el de encontrar un método
eficaz de conversión de la materia en energía fotónica.
El Sol podría ser la fuente primaria para dos tipos
diferentes de propulsión solar en estudio: uno consiste en
convertir su energía en calor y calentar así un fluido de
trabajo que sea expulsado bajo forma gaseosa y proporcione
el empuje necesario; otro consiste en aprovechar la
presión de la radiación solar para im pulsar a la astronave en
una determinada dirección. En este último caso, más que de
un motor a cohete es conveniente hablar de vela solar: en
efecto, el vehículo se desplazaría, ni más ni menos como un nave
a vela empujada por el viento. Se han diseñado
vehículos de vela solar con superficies de 1.000 m2, capaces de ir
de un planeta a otro en tiempos relativamente cortos
(del orden de algunos meses). Uno de estos había sido
diseñado para un "rendez-vous" con el cometa Halley, que se
llevaría a cabo en 1986, pero se ha suspendido porque el sistema
aún no ofrece suficientes garantías y parecía
arriesgado confiarle un paquete de instrumentos de altísimo valor, como el
requerido para un análisis desde sus cercanías
de un cometa; de todos modos será estudiado por la sonda
Giotto de la ESA.
Colonias
espaciales. Una evolución de las
grandes Estaciones espaciales que
están en órbita alrededor de la Tierra, y que se proyecta
construir antes que finalice este siglo, son las colonias
espaciales, que se habrán de construir en órbita terrestre, las
cuales podrían convertirse en una realidad en el siglo XXI Según Gerard
O'NEILL,
el diseñador más famoso de estas
estructuras, una típica colonia espacial podría estar constituida por
un inmenso tubo rectilíneo de 6 km de diámetro y 25 km de
longitud. Con el fin de crear una gravedad artificial, el
tubo se haría rotar alrededor del propio eje longitudinal. La
arquitectura de esta ciudad flotante en el espacio, que
según O'NEIL podría albergar a centenares de miles de
habitantes, es muy singular. Supongamos que se secciona el tubo con
un plano normal a su eje longitudinal: encontraremos
tres valles (que reproducen un paisaje montañoso terrestre,
ricos en vegetación y salpicados de casas), separados por
tres espacios vacíos en los cuales las paredes del tubo
son transparentes de manera que pueda entrar la luz del Sol.
En el interior del tubo se crearía una atmósfera similar a la
terrestre, comprendiendo incluso nubes y vapores. Un
habitante de uno de los valles vería su propia franja de tierra
extenderse a lo largo de todo el tubo; a ambos lados surgiría el
paisaje espacial, y sobre su cabeza, las otras dos franjas de
tierra con los habitantes que allí se encuentran suspendidos
con la cabeza hacia abajo. Una de las peculiaridades de
esta colonia radicaría en que, levantándose en el aire hacia el centro
del tubo, la gravedad artificial disminuiría y por
lo tanto un hombre provisto de un simple par de alas
lograría volar. O'NEIL asegura que en el siglo XXI dispondremos
de la tecnología adecuada para construir colonias
espaciales de este tipo y que los materiales necesarios podrían ser
transportados desde la Luna hacia la zona del espacio que se
ha elegido. Otro proyecto de colonia espacial orbital ha
sido puesto a punto en 1975 por un grupo de científicos,
técnicos y economistas, bajo los auspicios de la NASA y de la
Stanford University de California. Se trata de una estructura
en forma de rueda, o "toro", con un
diámetro de 1,5 km, que gira sobre su eje central para crear un estado
de gravedad artificial. La luz necesaria para la vida de
los "colonos" y para sus actividades sería proporcionada por un
enorme espejo circular fluctuante sobre la
estructura, el cual haría converger los rayos del Sol hacia otros
espejos que, a su vez, los reflejarían en el interior a través de
amplios vitrales de 30 metros. Además de casas, fábricas,
escuelas, hospitales, negocios, etc., la colonia dispondría
de una gran instalación automática para el tratamiento de los
minerales extraídos del suelo lunar.
Color
(índice de). Las estrellas nos parecen
azules, blancas, amarillas o rojas, según su
temperatura superficial: las primeras de esta escala de
colores son las más calientes, y las últimas las menos.
Nuestro Sol, por ejemplo, es una estrella amarilla
(temperatura media superficial de 6.000 °C). Se define como índice
de color de una estrella la diferencia entre su Magnitud visual y
la fotográfica. En general las dos medidas no se
corresponden porque, a paridad de magnitud, los diversos
colores de las estrellas impresionan de manera diferente la
emulsión fotográfica. Para las azules el índice de color es
negativo, porque el ojo humano valora su magnitud como inferior
con respecto a la medida en la emulsión fotográfica. Para
las rojas, por último, el índice de color es positivo, porque el
ojo humano da una medida de su magnitud superior a la de
la emulsión.
COLLINS, Michael. Ha sido el piloto del módulo de mando, bautizado Columbia, de la
astronave Apolo 11, con la cual – 33 – fue llevada a cabo, por los
americanos, el 20 de julio de 1969, la conquista de la
Luna. COLLINS se quedó esperando en órbita lunar, mientras
sus compañeros ARMSTRONG y ALDRIN efectuaban
el primer alunizaje sobre nuestro satélite natural. COLLINS se había
convertido en astronauta en 1963 y antes participó en la
misión Géminis 10. Como los otros dos protagonistas de la
histórica empresa, después de la misión abandonó el cuerpo de
astronautas, dedicándose a la historia de las misiones
espaciales y convirtiéndose en director del Museo
Smithsoniano del Aire y del Espacio de Washington.
Coma. Es un tipo de ®aberración óptica que afecta tanto a las lentes como a los
espejos. Hace que una imagen puntiforme, por ejemplo una estrella que
se encuentra en los bordes del campo visual,
aparezca distorsionada como una figura en forma de cometa,
de donde precisamente proviene la definición de coma.
Cometas.
Los cometas han sido, desde la
antigüedad, uno de los fenómenos astronómicos
más estudiados a causa de su espectacularidad. En las
crónicas de los pasados siglos, están descritos como astros
imprevisibles que tienen el aspecto de una estrella
crinada, es decir, de una estrella rodeada por una tenue
nebulosidad o cabellera y seguida por una cola más o menos larga y
mutable. Hasta el siglo XVII científicos y astrónomos
discutieron largamente sobre su verdadera naturaleza. Para ARISTÓTELES, que
también en este sector representa la
opinión dominante, los cometas eran fenómenos atmosféricos;
para Séneca, aunque se trata de una voz aislada, eran
astros similares a los planetas; para GALILEO estaban
causados por fenómenos de refracción. Será preciso esperar a HALLEY y a NEWTON, en la
segunda mitad del siglo XVII para tener la
demostración de que los cometas son cuerpos que
giran alrededor del Sol de manera similar a los planetas, pero
en órbitas elípticas muy alargadas En cuanto a sus dimensiones
y a su estructura, sólo desde 1950 a hoy ha sido
posible precisar la física y la química de los cometas: se
trata de conglomerados de hielo con diámetros de pocos
kilómetros que, en proximidad del Sol, a causa del calor
absorbido, subliman (la sublimación es el paso del estado sólido
al gaseoso) liberando en el espacio grandes cantidades
de gas, con el que se forman los espectaculares atributos
visibles del cometa: la cabellera y la cola. En la antiguedad,
cuando la astronomía estaba muy estrechamente relacionada
con la ®astrología y otras creencias mágicas, los
cometas eran considerados como presagio de acontecimientos
excepcionales como la muerte de gobernantes, el estallido
de una guerra o el advenimiento de pestes. Hoy, que la
ciencia ha logrado liberarse completamente del lastre de las supersticiones,
que ha debido soportar durante tan largo
tiempo, los cometas tienen sobre todo un interés cosmogónico.
En efecto, se considera la posibilidad de que sean los
primeros conglomerados de gases y polvos que se
condensaron, hace cinco mil millones de años, en los bordes de la
nebulosa primordial que dio origen al Sol y a los
planetas. Figurarían, por lo tanto, entre los objetos más antiguos de
nuestro sistema solar, y un directo análisis suyo podría
revelarnos muchos misterios, aún sin resolver, sobre los
hechos que acompañaron el nacimiento de los planetas.
Por este motivo, en los próximos años, se prepara una ex
ploración de aproximación a los cometas mediante sondas
espaciales automáticas. El cometa Halley, que pasará
por el perihelio (punto de mínima distancia del Sol) el 9 de
febrero de 1986, después de una larga vuelta de 76 años
alrededor del Sol, será explorado por cuatro sondas: una
europea bautizada Giotto, dos soviéticas Venera-Halley, y
una japonesa «Planet A" Estructura y composición. Puede decirse
que un cometa está compuesto de cuatro partes. 1) El
núcleo. Es una parte permanente del cometa compuesta, de lo
que se recaba por las observacio nes indirectas
desde tierra, predominantemente de agua (H2O), metano (CH4), amoniaco (NH3) y dióxido de carbono (CO2), todos en
estado de hielo. Mezclado con los hielos se encontrarían
abundantes granos de polvo con dimensiones de una milésima
de milímetro. Según el astrónomo americano Fred WHIPPLE, que es el
principal autor de este modelo, un núcleo
cometario puede definirse como una bola de nieve sucia. 2) La
cabellera. Es una parte efímera del cometa. Sólo aparece
cuando el núcleo se aproxima al Sol a menos de 5 UA, es
decir, cuando ha traspasado la órbita de Júpiter y el calor
solar es suficiente para iniciar los procesos de liberación
de gases. Entonces, de los componentes fundamentales del núcleo, ya
enumerados y también llamados moléculas madres,
se separan miríadas de átomos y moléculas en estado
gaseoso los cuales, reaccionando químicamente entre sí, dan
vida a una atmósfera de moléculas hijas que rodean
al núcleo carbono biatómico (C2), nitrógeno molecular
(N2), radical oxidrilo (OH), radical amonio (NH),
cianógeno (CN), etc. Estas partículas, en el vacío absoluto del
espacio se alejan rápidamente del núcleo, a velocidades
cercanas a los 0,5 km/s, llevando consigo los diminutos granos
de polvo englobados en la bola de nieve sucia y formando
una cabellera que puede alcanzar dimensio nes de un millón de
kilómetros de diámetro. La cabellera resplandece, sobre
todo, por un fenómeno de excitación luminosa de los
átomos que la componen por parte de la radiación solar
ultravioleta (fluorescencia), y de este modo esconde y vuelve
invisible al pequeño núcleo de hielos. 3) La cola Las mismas
moléculas hijas de la cabellera son atrapadas, en parte, por
el Viento solar, un flujo de partículas a gran velocidad
(400 km/s) que fluyen de manera continua desde la atmósfera
del Sol y son ionizadas (privadas de los electrones)
y arrastradas lejos de aquél. Esta es la razón por la cual
las colas aparecen siempre en dirección opuesta al Sol. A
veces es posible distinguir, en un mismo cometa, una cola de
composición preponderantemente gaseosa o cola de plasma,
recta y extendida como una bufanda al viento, y una
cola de composición preponderantemente polvorosa o cola de polvo,
arqueada como la hoja de una cimitarra. Estas
últimas, constituidas por granos sólidos liberados por el
núcleo, no son arrastradas en dirección opuesta al Sol por el viento
solar (que estando formado por protones y electrones,
no los habría llevado), sino por la presión de la luz solar. Las
colas de los cometas tienen una longitud de varios millones
de kilómetros 4) El halo. Es una inmensa envoltura de
hidrógeno formada por la disociación del agua que cubre cada
elemento del cometa núcleo, cabellera y cola, extendiéndose por
millones y millones de kilómetros Es visible desde la Tierra,
porque emite preferentemente rayos ultravioletas que son
absorbidos por nuestra atmósfera. Ha sido
descubierto en los años 70 por los satélites artificiales lanzados con
fines científicos. Orbitas: Contrariamente a los planetas que tienen
órbitas casi circulares, o elípticas con una pequeña
excentricidad, y cuyos planos orbitales son casi
coplanares, los cometas recorren órbitas muy elípticas o incluso
parabólicas e hiperbólicas y con planos orbitales inclinados.
Del estudio estadístico de las órbitas cometarias, el
astrónomo holandés Jan OORT formuló en 1950 la hipótesis, hoy
comúnmente aceptada, que los núcleos de los cometas son
recogidos en una cáscara esférica de 2,4 AL de diámetro, que,
como un enorme capullo, envuelve a nuestro sistema
solar. De aquí, a causa del paso de alguna estrella próxima,
algunos núcleos serían impulsa- – 34 – dos, de tanto en tanto, en
dirección al Sol, hacia el cual se desplazarían viajando
durante centenares de miles de años. Llegados a la proximidad de
los planetas, los núcleos experimentarían la influencia gravitacional
de los gigantes Júpiter y Saturno y sus órbitas
serían transformadas. De esta manera se formarían cometas
de corto periodo, caracterizados por periodos orbitales
inferiores a 200 años, y cometas de largo periodo, con
periodos orbitales superiores a 200 años. Sin embargo, no todos
los cometas provenientes de la nube de Oort se convierten
necesariamente en cometas periódicos: algunos pueden
salir del sistema solar y perderse para siempre en los espacios
exteriores. Número y visibilidad. A partir del momento en que
se tienen noticias históricas hasta 1982, los cometas
observados son poco más de 1.000. Alrededor del 30 % de
estas apariciones se refiere, sin embargo, a los retornos
de cometas periódicos como el Halley. Los cometas
descubiertos por primera vez en todo este tiempo son, por lo
tanto, poco más de 700. Las estadísticas dicen que, de los 1.000
cometas aparecidos hasta ahora, uno cada tres años es
visible a simple vista, pero sólo uno cada 10 años alcanza
luminosidad tal como para imponerse a la atención de todos los
terrestres. Entre los cometas más espectaculares de los
últimos años recordemos el Ikeya- Seky de 1965 y el Bennet de
1970. Desde ahora se prevé que el próximo acercamiento
del Halley en 1986, no será muy favorable para la
observación. Al contrario de lo sucedido en 1910, el cometa podrá ser
visto con dificultad desde las latitudes europeas. En
cambio será mucho más fácil su observación desde el
hemisferio Sur. Nomenclatura. Los cometas nuevos toman el
nombre de sus descubridores, por lo general los primeros tres
que demuestran haberlo avistado. En las efemérides
astronómicas también se indican con una sigla provisional,
formada por el año del descubrimiento seguido de una letra que
indica el orden del descubrimiento (por ejemplo el Bennet tenía
1969 i); o bien una sigla definitiva formada por
el año del paso por el perihelio seguido de un número romano
que indica el orden del paso por el perihelio (por
ejemplo: la sigla definitiva del Bennet se convirtió en 1970 II,
porque fue el segundo cometa que pasó por el perihelio aquel
año). Los descubridores de cometas son,
mayoritariamente, astrónomos aficionados que rastrean cada noche el cielo
a la búsqueda de nuevos cometas. Entre los más famosos de
nuestros tiempos están los japone ses Tsutomu Seki y
Minoru Honda, y el australiano James BRADFIELD.
Habitualmente están en contacto con una organización internacional,
la Oficina de Telegramas de la International Astronomical
Union, que tiene como función recibir las indicaciones de
un descubrimiento y verificarlo. Corresponderá pues a esta
organización, una vez verificado el descubrimiento, darle el
nombre al nuevo cometa. Los cometas periódicos
redescubiertos en un nuevo retorno, como el Halley, que ha sido
nuevamente avistado mientras se acercaba al Sol el 16 de
octubre de 1982 antes de su paso por el perihelio el 2 de
febrero de 1986, obviamente conservan el nombre de su primer
descubridor. A este propósito recordemos que el Halley fue
el primer cometa del que se comprobó su periodicidad. La
previsión fue formulada en 1682 por el célebre
astrónomo inglés quien, estudiando las órbitas de antiguos cometas,
se dio cuenta de que algunas se asemejaban y podían ser
interpretadas como los sucesivos pasos del mismo objeto
celeste. Él previó el retorno de aquél para 1758. HALLEY murió en
1742 y su profecía se cumplió puntualmente, el 25
de diciembre de 1758, cuando el mismo cometa apareció en
el cielo. En este caso, aunque HALLEY no es el
descubridor material, el cometa lleva igualmente su nombre en honor de su
gran contribución al estudio de estos astros.
Comsat
(satélites). Sigla de la
Communications Satellite Corporation, una sociedad
americana fundada en 1963 para la gestión comercial de los
satélites de telecomunicaciones Entre estos, debe destacarse
la famosa serie de los Intelsat: los satélites de
telecomunicaciones internacionales que proporcionan conexiones
comerciales a todos los países del mundo que lo requieren.
Comsat es también una forma abreviada para indicar un satélite
genérico de telecomunicaciones.
Condritos.
Constituyen el tipo de meteoritos más
abundantes caídos en la Tierra y
recuperados por los estudiosos. Para dar una referencia
cuantitativa, bastará decir que poco más del 90 % de los meteoritos
en contrados son de tipo pétreo o litoideo y que, de estos,
más del 90 % pertenece a la clase de los condritos. Se llaman
así por la presencia, en el interior del fragmento meteorítico,
de pequeñas inclusiones esferoidales con un diámetro
medio de un milímetro, llamadas cóndrulos, que están
formados por minerales como olivinos y piroxenos.
Cónica.
Es una curva que se obtiene cortando
un cono con un plano que no pasa por su
vértice. El resultado consiste en cuatro tipos de curvas o
cónicas: el círculo, la elipse, la parábola y la hipérbole.
Cualquier cuerpo que se mueva en el espacio bajo la
influencia de la gravedad, recorre, como se ha demostrado
analíticamente por medio de la ley de gravitación universal de NEWTON, una
trayectoria que tiene la forma de una cónica.
Conjunción.
Es un término adoptado para indicar la
posición relativa entre dos o más
cuerpos celestes. Un planeta se dice en conjunción con una
estrella cuando pasa delante de ésta en la inmediata
aproximación. Naturalmente se trata de un efecto de perspectiva,
puesto que las estrellas están mucho más distantes que los
planetas del sistema solar con respecto a la Tierra; y, sin embargo,
el observador terrestre puede ver los dos cuerpos
superpuestos o el uno al lado del otro. Los planetas cuya órbita es
interior con respecto a la de la Tierra (Mercurio y Venus),
pueden estar en conjunción inferior cuando se
encuentran entre el Sol y la Tierra, o en conjunción superior cuando
se encuentran al otro lado del Sol con respecto a la
Tierra. En cambio, los planetas cuyas órbitas son externas con
respecto a la de la Tierra (Marte, Júpiter, Saturno, Urano,
Neptuno y Plutón), pueden encontrarse, obviamente, sólo en
conjunción superior. Cuando, en el caso de conjunción
inferior, un planeta como Mercurio o Venus está perfectamente ali
neado con el Sol y con la Tierra, podemos verlo pasar
como un pequeño punto negro sobre el disco del Sol. Este
hecho se define tránsito. Y así, cuando cualquier planeta en
conjunción superior se encuentra exactamente alineado con el
Sol y con la Tierra, quiere decir que está escondido
detrás del disco del Sol. El término conjunción no significa, sin
embargo, que necesariamente la Tierra, el Sol y el planeta
en cuestión deban estar exactamente alineados, sino que ocupan
aproximadamente el tipo de configura ción descrita.
Recordemos que los planos orbitales de los planetas
están ligeramente desfasados el uno con respecto al otro.
Conmensurabilidad.
Dos períodos orbitales, cuya relación es igual a un número entero
pequeño, son definidos comensurables o en resonancia. Por lo
tanto, la comensurabilidad es una relación particular
entre los períodos orbitales de dos o más cuerpos celestes. Las
consecuencias dinámicas que se manifiestan entre dos
cuerpos con períodos orbitales con- – 35 – mensurables son en realidad
notables: de hecho llegarán a ocupar periódicamente la
misma posición relativa a lo largo de sus propias órbitas,
influyéndose recíprocamente desde el punto de vista
gravitacional. Situaciones de este tipo se han encontrado en el
cinturón de los Asteroides, donde todos aquellos cuerpos que
tenían períodos orbitales conmensurables con Júpiter han sido
expulsados, dando lugar a vacíos llamados
"lagunas de Kirkwood" por el nombre del astrónomo que las estudió.
También la división de Cassini (®Cassini, división de) se debe a efectos de conmensurabilidad entre las partículas que
componen los anillos y el planeta.
Constante
solar. Es la cantidad de energía que
una unidad de superficie colocada más
allá de nuestra atmósfera recibe del Sol. El valor medio de
la constante solar es de 2 calorías al minuto por cm2 y equivale
aproximadamente a 1,3 kilowatios. La constante solar varía en
algunos puntos un tanto por ciento, según el
desarrollo de la actividad solar. Para mayor precisión ®Sol.
Constelaciones.
Son grupos de estrellas que no tienen necesariamente vínculos
físicos o de proximidad y que son consideradas en conjunto
para facilitar su reconocimiento. Desde la antiguedad, los
pueblos orientales, los griegos, los latinos, etc., atribuyeron a
cada constelación semblanzas humanas o animales. Así
tenemos la Osa Mayor, la Osa Menor, Hércules, Andrómeda,
los Lebreles, etc. Se trata de figuras que no son
completamente abstractas, pero que pueden lograrse, con un poco
de imaginación, uniendo idealmente por medio de
segmentos, las estrellas que forman parte de la constelación. El
primero en agrupar orgánicamente las estrellas en las
constelaciones fue el astrónomo Claudio TOLOMEO (90-168 d.
J.C. aproximadamente) en su obra, el
"Almagesto". Otros hombres famosos por clasificar constelaciones han sido:
Johann Bayer (1572-1625), Johannes Hevelius (1611-1687),
Nicolas de la Caille (1713-1762) y Jerome de La Lande
(1732-1807). En el siglo XX, entre 1922 y 1928, todo este
material fue ordenado por la Unión Astronómica Internacional
(IAU), que ha subdividido a todas las estrellas de la
esfera celeste en 88 constelaciones, estableciendo nombres y
límites. Las denominaciones corresponden, en parte, a las definidas en
la antiguedad. En las publicaciones científicas
se ha convenido citar siempre el nombre latino en el
nominativo o bien en el genitivo. Así, por ejemplo, se dirá que
Sirio, la estrella más luminosa del cielo, se encuentra en la
constelación del Canis Major (Can Mayor) o bien, dado que por
convención la estrella más luminosa de cada
constelación se indica con la primera letra del alfabeto griego, se hará
referencia a ella como a "a Canis Majoris" (a del Can Mayor). A causa del movimiento de revolución de la Tierra
alrededor del Sol, la posición de las constelaciones cambia
ligeramente de noche en noche: por consiguiente, en lo que
respecta a cada lugar de la Tierra, existen
constelaciones que son típicas de cada estación. En la tabla de la página 263
se encuentran las definiciones en latín y en castellano de
las 88 constelaciones; a la vez se proporcionan datos
sumarios de la etimología de su nombre y de los objetos
notables (estrellas, nebulosas, etc.) contenidos en cada una de
ellas.
Coordenadas
celestes. Así como la posición de un
punto sobre la esfera terrestre
puede determinarse por dos coordenadas, la "latitud" (o
distancia angular del Ecuador) y la "longitud" (o
distancia angular desde el meridiano de referencia o de Greenwich), también la
posición de un astro puede determinarse por un
par de coordenadas sobre la esfera celeste. Esta es la
esfera ideal en la cual el observador se imagina estén colocados
los cuerpos celestes. Los sistemas más utilizados de
coordenadas celestes son dos: 1) Sistema de coordenadas
ecuatoriales. Para describir este sistema imaginemos la esfera
celeste con la Tierra en el centro. La proyección del
Ecuador terrestre sobre ella toma el nombre de "ecuador
celeste"; los polos Norte y Sur de la Tierra, proyectados sobre la
esfera celeste, toman el nombre de "polos
celestes"; la proyección de la órbita de la Tierra alrededor del Sol toma el
nombre de eclíptica (que coincide, obviamente, con la
trayectoria aparente que el Sol realiza en un año sobre el paisaje de
las constelaciones). El punto de cruce de la eclíptica con el
Ecuador celeste es llamado "Equinoccio de
primavera" o "primer punto de Aries" y corresponde al punto en el
que se encuentra el Sol a comienzos de la primavera. El círculo
máximo que pasa por este punto y por los polos
celestes Norte y Sur es tomado como círculo horario de
referencia (como el meridiano de Greenwich en la Tierra).
Definidos estos elementos de referencia, las dos
coordenadas del sistema ecuatorial son: la ascensión recta o
"¡", que es la distancia angular entre el círculo horario que pasa por
el astro y el círculo horario de referencia, y que se mide en
horas, minutos y segundos en sentido horario (corresponde
a la longitud terrestre), la declinación o "¡",
es decir la distancia angular de un astro con respecto al ecuador
celeste. Esta es positiva para los astros al Norte del ecuador
y negativa para los del Sur (corresponde a la latitud
terrestre). En todos los catálogos estelares las posiciones de
las estrellas se definen con este sistema de coordenadas que,
prescindiendo de las mutaciones seculares debidas al
movimiento propio de las estrellas y a las oscilaciones del eje
terrestre, no varían en cortos plazos de tiempo. Sin
embargo, para tener en cuenta las variaciones seculares de las
coordenadas, los catálogos estelares también indican la
época de las coordenadas. 2) Sistema horizontal. De
comprensión más inmediata para un observador terrestre, es
este sistema el que proporciona las coordenadas instantáneas de
un astro. Sus puntos de referencia son: el círculo máximo que
coincide con el Horizonte del lugar de observación y
que pasa por el Norte y el Sur y por el Cenit, llamado
meridiano celeste. Fijadas las referencias, las coordenadas del sistema
horizontal son: la altura h, que es la distancia angular
de una estrela sobre el horizonte (en la comparación con las
coordenadas terrestres, corresponde a la latitud) y que se mide
de 0.º a 90.º, el acimut, que es la distancia entre el
círculo vertical que pasa por la estrella y el meridiano
celeste. Habitualmente se mide de 0.º a 360.º a partir del
Norte en sentido horario. En este sistema, a causa de la
rotación de la Tierra, las coordenadas no determinan
permanentemente la posición de una estrella, como en el sistema
precedente, sino que sólo se refieren a la posición que ocupa en un
instante de tiempo determinado.
COPÉRNICO, Nikolaus. 1473-1543 Astrónomo polaco a quien se debe la formulación de la
teoría heliocéntrica, es decir el haber desplazado el centro
del Universo desde la Tierra al Sol, encaminando esa
revolución que, en el término de dos siglos, a través de la
contribución de GALILEO, KEPLER y NEWTON, conducirá a
una renovación total de las bases de la astronomía. La
centralidad del Sol no es una idea original de COPÉRNICO, ya fue
adelantada por los antiguos filósofos griegos desde el siglo III a. J. C. En la
antiguedad, el más importante sostenedor de un
sistema heliocéntrico del Universo fue ARISTARCO de Samos
quien, tomando las concepciones de Heraclides del Ponto,
afirmó que todos los plane- – 36 – tas, comprendida la Tierra,
giran alrededor del Sol. En la época de COPÉRNICO aún
imperaba el sistema de Claudio TOLOMEO quien
negaba a la Tierra cualquier movimiento, tanto de revolución como de rotación
alrededor de su propio eje, y la ponía en el centro
de las rotaciones realizadas por los planetas y el Sol a su
alrededor. Para explicar el movimiento de las estrellas, TOLOMEO las
imaginaba fijas a una esfera celeste que también
estaba animada de un movimiento rotatorio. El sistema
tolomeico estaba complicado con otros mecanismos. Por
ejemplo, para explicar el estacionamiento y el movimiento retrógado de
los planetas en determinados períodos del año, el astrónomo
griego debió atribuir a cada planeta dos
movimientos: uno circular (epiciclo) alrededor de un punto; el
otro, desde este punto sobre una órbita circular, pero
excéntrica, con respecto a la Tierra inmóvil (excéntrico). COPÉRNICO se dió
cuenta que el movimiento de los astros es una mera
apariencia: en su obra más importante "De
revolutionibus orbium coelestium", publicada en el año de su
muerte, dice: " cuando un barco navega sin sacudidas, los
viajeros ven moverse, a imagen de su movimiento, todas las
cosas que les son externas y, a la inversa, creen estar
inmóviles con todo lo que está con ellos. Ahora, en lo
referente al movimiento de la Tierra, de manera totalmente similar,
se cree que es todo el Universo íntegro el que se mueve
alrededor de ella " COPÉRNICO, contra lo que pueda
pensarse, fue inducido a abandonar el sistema tolomeico, porque se
dio cuenta que los resultados de sus observaciones
astronómicas diferían de las posiciones de los astros calculadas
según aquél sistema. Por lo tanto, desplazó el origen de
las rotaciones del centro de la Tierra al centro del Sol,
sin renunciar sin embargo a los movimientos circulares. Pero
aún acercándose de esta manera a la realidad, no logró
encontrar la razón de los movimientos aparentes de los astros, por
lo cual tuvo que recurrir a los epiciclos. Será mérito
de KEPLER, algunos años más tarde, intuir la forma
elíptica de las órbitas y archivar para siempre los complicados
esquemas epicicloidales. La biografía de COPÉRNICO presenta
muchas lagunas e incertidumbres, a partir de su nacionalidad
que, según algunos estudiosos, no es polaca
sino alemana. Nace probablemente en 1473 en la ciudad libre
de Thorn, entonces en territorio polaco, y después de haber
realizado los estudios en la universidad de Cracovia, fue
a perfeccionarse a Italia, donde se quedó durante ocho años,
entre 1496 y 1503, frecuentando los ateneos de Bolonia,
Roma, Padua, y Ferrara. Típico exponente de la cultura del
renacimiento, se interesó en muchas disciplinas:
medicina, teología, derecho canónico y astronomía. Conocía
perfectamente el latín y el griego y estudió a los clásicos
directamente en las fuentes. En Bolonia realizó observaciones
astronómicas junto con D.M. Novara, titular de aquella
cátedra de astronomía. En 1505 volvió a su patria donde
obtuvo una canonjía en Frauemburg. Algunos años más tarde
heredó bienes de su tío obispo y se aseguró una vida
desahogada. Durante veinte años, desde 1509 a 1529, COPÉRNICO acumuló
observaciones astronómicas y medidas para
confirmar su teoría heliocéntrica. En 1533 circulaba un resumen
de ésta con el título "Commentariolus",
que llegó a las manos del Papa Clemente VII. Recibió, por parte de
varios estudiosos, exhortaciones y estímulos para publicar su
obra completa en seis libros y, después de muchas
resistencias, se decidió a confiar el manuscrito a su amigo
Tiedmann Giese, obispo de Kulm, que encargó al pastor
luterano Andre Osiander realizar la impresión en Nuremberg.
Este, temiendo el impacto de la nueva doctrina sobre
la cultura de la época, escribió por iniciativa propia un
prefacio a la obra en el que advertía al lector que las ideas del
autor debían considerarse puras hipótesis, no necesariamente
verdaderas y ni siquiera verosímiles. COPÉRNICO no leyó
este prefacio, ahorrándose así una aflicción más; el libro
fue publicado poco después de su muerte el 24 de mayo de
1543. El "De revolutionibus" se convertirá en el punto de
partida sobre el que Galileo GALILEI basará su
batalla para la reforma de la astronomía.
Copérnico
(satélite). Es el nombre de un
satélite artificial, el tercero de la serie OAO
(Orbiting Astronomical Observatory), que ha llevado al espacio un
telescopio reflector de 80 cm de diámetro para estudiar
objetos estelares y moléculas interestelares con luz
ultravioleta. Estas radiaciones, como es sabido, son absorbidas
por la atmósfera terrestre y resulta por lo tanto necesario
situarse por encima de ella para examinarlas. El
"Copérnico", lanzado en 1972, ha permitido determinar, con mayor
precisión de cuanto es posible hacerlo desde la Tierra, la energía
emitida por los objetos celestes en las frecuencias más altas
del espectro. Entre otras cosas, descubrió en 1978 el
objeto celeste V 861 Scorpii.
Coriolis
(fuerzas de). Son fuerzas aparentes,
responsables de la desviación de la
trayectoria de un cuerpo que se mueve sobre una superficie que
rota. En la Tierra, por ejemplo, la trayectoria de un objeto,
como un hipotético proyectil disparado desde el Ecuador
hacia el polo Norte, en lugar de ir en línea recta, se desvía
hacia el Este. Obviamente, si la trayectoria va desde el
Ecuador hacia el polo Sur, la fuerza de Coriolis impulsa al
cuerpo en dirección Oeste. Este fenómeno es debido al hecho
de que la velocidad de rotación, con la que está animado un
cuerpo en el Ecuador, es mayor que la que posee el
propio cuerpo en proximidad de los polos. Las fuerzas de
Coriolis tienen una notable importancia en la circulación
atmosférica y deben tenerse en consideración en los
cálculos sobre el movimiento de los misiles. Su nombre se debe
al físico francés Gaspard Gustave de Coriolis (1792-1843) que
fue el primero en estudiarlas. Junto con
Poncelet, Coriolis fue uno de los científicos que más
contribuyeron en aquella rama de la mecánica racional hacia los
estudios prácticos, de la que seguidamente nace la
mecánica aplicada.
Corona
solar. Es la parte más exterior de la
etmósfera solar, constituida por gases a
altísimas temperaturas, alrededor de 2 millones de grados. Se
extiende desde unos 16.000 km sobre la Fotosfera (la
superficie visible del Sol) hasta unos cuantos millones de km más
arriba. Se trata de una verdadera atmósfera rehirviente, que
se extiende en dirección radial dando vida a ese
flujo de partículas, llamado Viento solar, que inunda todo
espacio interplanetario. La corona se hace visible a simple vista
durante los eclipses totales de Sol, apareciendo como una
sugestiva luminosidad de color blanco-perla alrededor del
disco del Sol oculto por la Luna (®Sol).
Coronógrafo.
Es un instrumento que sirve para el
estudio de la Corona solar, incluso
cuando no hay eclipse de Sol. En condiciones normales, la luz
emanada del disco solar es tal como para sobrepasar la
tenue luminosidad de la corona y para impedir su observación
tanto a simple vista como con instrumentos ópticos. Está
constituido por un pequeño disco llamado "disco de
ocultación", situado en el interior del telescopio, que intercepta
la imagen del Sol ocultándola. En la práctica, el instrumento
no hace otra cosa que producir un eclipse artificial, haciendo
visible la corona. Por lo tanto el astrónomo puede observarla
directamente, o bien fotogra- – 37 – fiarla. El coronógrafo fue
inventado en 1930 por el científico francés, Bernard Lyot (1897-1952).
Cósmicos
(rayos). Son partículas atómicas que
llegan a la Tierra desde el espacio y
cuyo origen, aunque aún no está perfectamente determinado,
puede encontrarse en la actividad de las estrellas y de
objetos de tipo estelar. Alrededor del 90 % de los rayos
cósmicos están formados por núcleos de hidrógeno, es decir de
protones; un 90 por lO0 de núcleos de helio, o bien de
partículas "¡" (®Alfa, particulas), como se suelen llamar los
núcleos de helio; y apenas un 1 % de núcleos de otros
elementos. Flujos de electrones libres, con alta energía, mezclados
con ese tipo de partículas, son clasificados también como
rayos cósmicos. Sus características principales son: las altas
velocidades a las que viajan en el espacio cercanas a las de
la luz, y la alta energía de la cual están dotados. La
energía de una partícula se mide en múltiplos o submúltiplos del
electronvoltio (eV). El eV es la energía de la que está
dotado un electrón cuando es acelerado por un potencial eléctrico
de un voltio. Para tener un término de comparación,
decimos que la energía de las moléculas de aire a
temperaturas normales es de 0,1 eV, mientras la energía de los
rayos X de un equipo médico es de 10.000 eV. Los grandes
aceleradores de partículas utilizados por los físicos para romper
los componentes del átomo, alcanzan energías de 100 mil
millones de eV. Los rayos cósmicos pueden alcanzar
energías máximas de 10 trillones de eV (1919 eV). En lo que
respecta al origen de los rayos cósmicos, una parte de ellos
es seguramente emitida por el Sol y se caracteriza por la
baja energía. Su emisión, además, está sujeta al ciclo de once
años de la actividad solar (®Sol). Los flujos más imponentes de rayos cósmicos provienen en cambio de las
profundidades del espacio y parece que la alta energía
de la que están dotados la adquieren durante acontecimientos como
la explosión de supernovas. En las fases que acompañan a
estos hechos catastróficos, las partículas son
aceleradas por fuertes campos eléctricos y son lanzados al espacio
circunstante. Tratándose de partículas eléctricamente
cargadas, los rayos cósmicos son desviados por campos
magnéticos generados por los diferentes cuerpos celestes. A veces
permanecen interpolados en tales campos magnéticos y,
moviéndose en espiral a través de ellos, generan emisiones
electromagnéticas. Otras veces la energía de la que están
dotados es tal como para hacerlos huir de los potentes campos
magnéticos estelares o galácticos, haciéndoles atravesar
inmensas regiones espaciales. Los rayos cósmicos que
llegan a la proximidad de la Tierra también son desviados del
campo magnético terrestre y se dirigen preferentemente
hacia las regiones polares. Estos rayos cósmicos, llamados
"primarios", no llegan habitualmente a la superficie terrestre,
sino que chocan contra las moléculas de la alta
atmósfera, disociándolas y generando una cascada de partículas
llamadas radiación cósmica "secundaria", que llega a la superficie
terrestre y puede captarse y estudiarse con
instrumentos. El estudio de la radiación "primaria" se
realiza, en cambio, por medio de globos sonda lanzados a gran altura y por
los satélites artificiales. Los rayos cósmicos tienen una
notable influencia sobre las células vivas: producen
mutaciones en la materia genética, hasta el punto de pensar que
tienen un papel fundamental en los procesos evolutivos
de las especies. Algunos estudiosos comparten la hipótesis que
las grandes extinciones ocurridas sobre la Tierra
entre el Cretáceo y el Terciario, hace unos 65 millones de
años, fueron causada por la explosión de una supernova cercana que
lanzó hacia la Tierra un flujo mortífero de rayos
cósmicos. A este acontecimiento podría deberse la
desaparición de los dinosaurios que tantas teorías ha suscitado y que,
sin embargo, aún permanece envuelta en el misterio.
Cosmogonía.
Es la rama de la Astronomia que
estudia el origen y evolución de los
grandes sistemas como las Galaxias los Cúmulos estelares, etc.,
con el fin de determinar la edad del Universo. Se
diferencia de la Cosmologia, aunque luego converge en ella,
porque esta segunda disciplina se ocupa del origen y
evolución del Universo considerado en su totalidad. Las
principales teorías sobre el nacimiento de nuestro Universo y sobre
su futuro, hasta la estructura que hoy conocemos, son
tratados por la Cosmologia.
Cosmología.
Es la ciencia que estudia la historia
y la estructura del Universo en
su totalidad. El nacimiento de la cosmología moderna puede
situarse en 1700 con la hipótesis que las estrellas de la Vía
Láctea (la franja de luz blanca visible en las noches
serenas de un extremo a otro de la bóveda celeste), pertenecen
a un sistema estelar de forma discoidal, del cual el
propio Sol forma parte; y que otros cuerpos nebulosos visibles
con el telescopio son sistemas estelares similares a la Vía
Láctea, pero muy lejanos. Estas consideraciones,
desarrolladas por los científicos del siglo
XVIII como Thomas Wright de Durham (1711-1786), Johann Lambert (1728-1777) y
Emmanuel KANT (1742-1804), junto con las
determinaciones de las paralajes estelares, y por lo tanto de las
distancias de las estrellas a nosotros, ampliaron enormemente los
confines del Universo, que las cosmologías clásicas y
medievales habían limitado a nuestro sistema solar. Correspondió
al gran astrónomo Sir William HERSCHEL (1738-1822)
demostrar, a través de cálculos estelares, que la hipótesis
de los cosmólogos más importantes del siglo XVII eran
correctas. Alrededor de un siglo después, otro gran avance a
la comprensión de nuestra situación en la Galaxia fue
aportado por el astrónomo Harlow Sharpley quien, en 1918,
pudo calcular que el Sol no ocupa una posición central,
sino periférica. Sólo hacia mediados del siglo XX, en cambio, se
han tenido las pruebas de que nuestra Galaxia tiene
forma de espiral y que, un observador externo, la vería
como se nos aparece a nosotros la nebulosa de Andrómeda. Un
capítulo nuevo de la cosmología se abre a comienzos de este
siglo con la formulación por parte de EINSTEIN (1879-1955)
de la teoría general de la relatividad. Aplicando las
ecuaciones de campo einstenianas, el físico Alexander
Friedmann demostró que la materia del Universo debía
encontrarse en un estado de expansión o de contracción. Pocos años
después, en 1929, el astrónomo Edwin HUBBLE descubrió un
fenómeno que algunos cosmológos interpretaron como una
confirmación a la hipótesis de Friedmann. En efecto, HUBBLE, midiendo
los desplazamientos hacia el rojo de lejanas
galaxias, debido al efecto Doppler, se dió cuenta que éstos eran
proporcionales a la distancia del objeto observado, de lo
cual dedujo que las galaxias se alejan tanto más
rápidamente cuanto mayor es su distancia. Si la materia del
Universo está en rápida expansión, en el pasado debía estar
concentrada en un espacio muy restringido. De este
tipo de consideraciones ha nacido la cosmología del Big-Bang,
que hoy representa la teoría del nacimiento y de la evolución
del Universo más acreditada. Según ella, en una época que
se sitúa entre hace 15 y 20 mil millones de años (tiempo
calculado en base al porcentaje de expansión de las galaxias)
tuvo lugar una gran explosión de energía, a partir de la cual
la materia en formación y evolución fue lanzada en todas
direcciones. El descubrimiento de una Radiación cósmica de
fondo, a 2,7º Kelvin, que representaría la "ceniza" de la
gran explosión primordial, es interpretada como una
confirmación de este teoría, mientras – 38 – ha sido prácticamente
abandonada otra teoría formulada en los años 40, llamada del
Estado estacionario, según la cual el Universo siempre ha
existido y siempre existirá.
Cosmos
(satélites). Numerosa serie de
satélites soviéticos, aún en pleno desarrollo,
dedicados a los fines más variados: geofísica, reconocimiento de
los recursos terrestres, usos militares entre los cuales
se halla la intercepción y destrucción de otros satélites en
órbita, comunicaciones, meteorología y estudio de la atmósfera,
biología, etcétera. El "Cosmos 1" fue lanzado el 16 de
marzo de 1962 y después siguieron centenares de satélites de
la misma serie. Algunos, a causa de desperfectos, han
caído a tierra causando gran preocupación y alarma, ya
que su dispositivo energético está constituído por una batería
atómica. Un "Cosmos" típico consiste en un cilindro de 1
m de diámetro y 2 m de alto con un peso aproximado de 500
kg.
Cráteres.
Son depresiones de forma circular o
elíptica en la costra sólida de los
planetas, causadas por el impacto de cuerpos celestes como los
Asteroides, los Cometas y los Meteoritos. Todos los
cuerpos del sistema solar caracterizados por una costra sólida (los
planetas Mercurio, Venus, Tierra, Marte y muchos
satélites naturales de éstos), han sido intensamente
bombardeados por los cuerpos mencionados en las primeras fases de
formación del sistema solar. En aquella época, alrededor de
cuatro mil millones de años atrás, el espacio alrededor
del Sol estaba lleno de detritos de diversos tamaños y
consistencia, representando el residuo de los procesos de
condensación de la nebulosa solar primordial. Atraidos por las
fuerzas de gravedad de los cuerpos más grandes
neo-formados, estos residuos se precipitaban con violencia sobre ellos
excavando los cráteres. Los proyectiles más grandes
lograban romper la costra, enfriada y consolidada desde
hacía poco tiempo, provocando la salida de la lava
subyacente; los más pequeños se limitaban a excavar modestas
depresiones. En épocas sucesivas el bombardeo mermó, pero hoy
todavía es posible que fragmentos residuales provoquen
cráteres. En todos los cuerpos celestes carentes de una
atmósfera consistente y de procesos geológicos activos, los
signos de los cráteres han quedado inmutables aún cuando han
transcurrido miles de millones de años. En la Tierra y en
los otros planetas dotados de una rica atmósfera y
geológicamente activos, el complejo de fenómenos dinámicos ha
erosionado y borrado la mayor parte de estas antiguas
cicatrices. Los pocos cráteres de los que aún quedan trazas sobre
la Tierra se estudian con gran atención desde mediados del
siglo XX. Un balance realizado a finales de los años 70 ha
llevado a su subdivisión en tres grupos: 1) Cráteres
probados, con fragmentos de meteoritos. Se trata de 13 estructuras
de pequeñas dimensiones (máximo 1.200 m de diámetro) y de
joven edad geológica (de dos millones de años a esta
parte). El más famoso de ellos es el Barringer Crater de Arizona,
una cavidad de 1.200 m de diámetro, 180 m de
profundidad y con un borde levantado alrededor de 40 m con
respecto al suelo circundante. Se encuentra entre las ciudades
de Winslow y Flagstaff, en un desierto cuyo substrato está
compuesto de elementos calcáreos y arenosos. Fue producido
algunos miles de años atrás por un meteorito metálico de
300 m de diámetro y algunos millones de toneladas de
peso. El cuerpo principal de este fragmento cósmico se
pulverizó a causa de la tremenda energía producida por el
impacto, dejando sin embargo numerosos fragmentos
esparcidos debajo y alrededor del cráter. La formación más
reciente de este grupo de cráteres es la de Sikhote-Alin, en
Siberia; está constituida por 122 pequeñas cavidades
producidas por un meteorito fragmentado en infinidad de partes y
caído el 12 de febrero de 1947. 2) Cráteres probables, sin
fragmentos de meteoritos, pero en el que hay variedades de
cuarzo que se generan como consecuencia de altas temperaturas y
presiones causadas por violentos impactos. A este
grupo pertenecen 78 cráteres de grandes dimensioes, de 1 a
140 km de diámetro, y de edad muy variada. Los más antiguos
se remontan a dos mil millones de años y se encuentra en
Vredefort, Sudáfrica, y en Sadbury Canadá Ambos tienen
un diámetio de 140 km y son comparables a los cráteres
más grandes de la Luna. 3) Cráteres posibles, carentes
de fragmentos meteóricos, así, como también de minerales
que demuestren un impacto, pero presentando una
estructura geológica simlar a la de un cráter de impacto. Este
grupo comprende 50 estructuras de hasta 50 km de diámetro y de
diversas edades. El más antiguo se encuentra en Canadá,
próximo al lago Quebec. La distribución sobre el
mapa geográfico de los principales cráteres terrestres hasta
ahora determlnados muestra su concentración en el
hemisferio Norte. Desde el momento en que no hay ninguna razón
preferencial por la cual los impactos deban haber
afectado a este hemisferio, se considera que el fenómeno es
atribuible a que las investigaciones se han
desarrollado con preferencia en los continentes norteamericano y
europeo.
Crepúsculo.
El crepúsculo genéricamente entendido
es esa claridad que precede la
salida del Sol o sigue a su puesta. En cambio, se define como
crepúsculo astronómico ese intervalo de tiempo que el
Sol, antes de salir, emplea en pasar de la posición de 18°
por debajo de la línea del horizonte a la propia línea del
horizonte; o el intervalo de tiempo que el Sol, después de la
puesta, emplea en pasar de la línea del horizonte a la
posición de 18 por debajo de esa línea. Así como la
inclinación del Sol varía con las estaciones y con la latitud, también la
duración del crepúsculo astronómico varía. Los
almanaques astronómicos proporcionan las tablas para calcular la
duración que es indispensable para conocer cuando se deben
efectuar las observaciones astronómicas: inmediatamente
después del ocaso o poco antes de la salida del Sol.
Efectivamente, el cielo está completamente oscuro y todas las estrellas
son perfectamente visibles (sin contar con
nieblas y nubes) sólo cuando el Sol está 180 por debajo del
horizonte.
Crimea
(observatorio astrofísico de). Es uno
de los observatorios soviéticos más
importantes, situado en Simferopol, en la península de Crimea, a
una altura de 560 m. Su principal instrumento
consiste en un reflector de 2,60 m de diámetro. También está
dotado de un radiotelescopio tipo RT-22 con una gran antena
parabólica de 22 m de diámetro.
Cromosfera.
Es una capa de aproximadamente 16.000
km que se extiende por encima
de la superficie visible del Sol, o Fotosfera, y está limitada
superiormente por la atmósfera solar, o Corona. No se puede
ver en condiciones normales a causa de la débil luz que
emite y sólo se evidencia durante los eclipses de Sol, o bien
con un instrumento apropiado llamado Coronógrafo. Las
temperaturas de la cromosfera varían aproximadamente desde
6.000 °C, en el punto en que limita con la subyacente
fotosfera, a más de 1 000.000 °C en las capas superiores
lindantes con la corona. La cromosfera no es una capa homogénea,
sino que revela una estructura híspida, una selva de
lenguas de luces similares a llamas (las llamadas
espículas); su nombre se debe a la luz rosada y roja emitida por
los átomos de hidrógeno que la componen (emisión de H a). – 39 –
Cuadrante.
Antiguo instrumento astronómico
consistente en un cuarto de círculo
metálico graduado de 0° a 90°, que servía para medir la altura
de los astros sobre el horizonte. A partir del siglo XVIII, con el fin
de aumentar la precisión de las medidas, en lugar de
apoyar el cuadrante sobre un trípode se prefirió adosarlo
a un muro vertical orientado en dirección Norte-Sur. Este y
otros instrumentos análogos, a veces de grandes
dimensiones, constituían el equipo de los astrónomos antes del
advenimiento de la astronomía óptica.
Cuadrántidas.
Es una de las principales lluvias de
meteoros anuales visible entre el 1 y
el 4 de enero, con un máximo en la noche del 3 al 4 de
enero. En el momento de máxima frecuencia se puede llegar a
ver una o más trazas luminosas por minuto. Este enjambre
toma el nombre de una constelación ahora ya inexistente, el
Cuadrante Mural (nombre de un antiguo instrumento
astronómico).
Cuadratura.
Es una posición astronómica particular
de un planeta o de la Luna, vistos
desde la Tierra, que se logra cuando uno de estos cuerpos
se halla a 90° del Sol. La cuadratura puede ser
occidental u oriental. La Luna se encuentra en cuadratura en
el Primero y Ultimo Cuarto.
Culminación.
Es la máxima altura alcanzada por un
cuerpo celeste sobre el horizonte.
Esta coincide con el momento en que el cuerpo celeste en sí
atraviesa el meridiano, es decir, el círculo máximo que pasa
por el cenit y que une el Norte con el Sur. Nuestro Sol, por
ejemplo, culmina a mediodía.
Cúmulos
estelares. Son condensaciones locales
de estrellas unidas por fuerzas
gravitacionales que aparecen en el cielo co mo concentraciones de
puntos luminosos o, incluso,como tenues nebulosidades. Según
su estructura se subdividen en cúmulos abiertos y cúmulos
globulares. Los cúmulos abiertos, también llamados por los
astrónomos anglosajones cúmulos galácticos (Galactic
Clusters), se encuentran en el disco galáctico, es decir en
el plano central de nuestra Galaxia, y están caracterizados por
una densidad estelar un centenar de veces más
elevada que la que se encuentra en las regiones que rodean al
Sol; y sin embargo, las estrellas que las componen están
relativamente dispersas. El diámetro medio de los cúmulos
abiertos es de aproximadamente 10 AL y el número de
estrellas que contienen varía desde algunas decenas a algunos
miles. Se han observado y clasificado aproximadamente unos 1.000,
pero se piensa que en nuestra Galaxia debe haber
por lo menos 15.000. Aquellos que se encuentran a una
distancia superior a los 5.000 AL de nosotros (recordemos que
el disco galáctico tiene un diámetro de 100.000 AL y que
el Sol se encuentra aproximadamente a 30.000 AL del centro) no
se alcanzan a ver ni siquiera con los más
potentes telescopios, porque el polvo galáctico absorbe su tenue
luz. (®absorción
interestelar). Según el aspecto que
presentan al telescopio, los cúmulos abiertos se dividen en
cuatro clases: Clase l: fuerte densificación central; resaltando
netamente sobre el fondo del cielo estrellado. Clase II:
débil densificación central; resaltando sobre el fondo del cielo
estrellado. Clase III: carentes de densificación central y
sin embargo resaltan sobre el fondo de las otras estrellas
Clase IV: leve densificación que no se distingue de las
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